Por qué la gente pierde aura sin darse cuenta
4. Por qué la gente pierde aura sin darse cuenta
La verdad: No pierdes aura por ser “malo” o “débil”. La pierdes por regalar tu energía a cosas (o personas) que no importan. Eres una batería con fugas.
La Situación
El jueves a tercera hora, el profesor de Historia, el Sr. Gálvez, entró en clase con cara de pocos amigos. Dejó su maletín sobre la mesa con un golpe seco que despertó a los de la primera fila.
—Sacad una hoja —dijo sin preámbulos—. Cambio de planes. El examen del tema 5 no será el viernes que viene. Será este lunes.
Un murmullo de pánico recorrió el aula. “Pero si no hemos terminado el tema”, “Es imposible”, “Tengo examen de Mates el martes”.
Vega sintió la injusticia como una quemadura física en el pecho. Era como si le hubieran inyectado gasolina en las venas. Saltó de la silla como impulsada por un resorte. La silla chirrió contra el suelo. —¡Pero eso no es lo que dijiste! —gritó Vega. Su cara se puso roja al instante. Señaló al profesor con el dedo—. ¡Dijiste el viernes! ¡Lo tengo aquí apuntado! ¡Es súper injusto! ¡Siempre haces igual, nos cambias las fechas para fastidiar!
Gesticulaba violentamente, mirando a sus compañeros buscando apoyo, resoplando como un toro. —¡No hay derecho! —siguió gritando, perdiendo los papeles por completo.
El Sr. Gálvez la miró por encima de sus gafas. Estaba tranquilo. Tenía el poder. —Vega, baja el tono —dijo con voz gélida. —¡No bajo nada porque es injusto! —Vega, siéntate ahora mismo o te vas directa a Jefatura con un parte de disciplina grave.
El silencio que siguió fue absoluto. Vega se quedó de pie, temblando, respirando agitada. Se dio cuenta de que había ido demasiado lejos. Se sentó de golpe, cruzando los brazos, murmurando insultos por lo bajo. Estaba agotada. Le dolía la cabeza. Había gastado el 100% de su batería en una explosión que no había servido para nada. El examen seguía siendo el lunes. Ella había perdido.
Dos filas más atrás, Leo también estaba furioso. “Será cabrón”, pensó. “Me va a suspender”. Pero Leo no saltó. El miedo le clavó a la silla. Se tragó la rabia. Miró al suelo, sintiéndose una víctima impotente. “Siempre nos hacen lo que quieren”, pensó con amargura. Su energía no explotó hacia fuera como la de Vega; implosionó hacia dentro, pudriéndose y volviéndole pasivo.
La clase terminó en un ambiente tóxico. Mientras todos recogían sus cosas dando golpes, enfadados, Kai se levantó. Kai también tenía el examen el lunes. Y tampoco le venía bien. Esperó a que el grueso de la gente saliera. Se acercó a la mesa del profesor con calma. Sin mochila al hombro, con las manos libres. Esperó a que el Sr. Gálvez terminara de borrar la pizarra.
—Don Antonio —dijo Kai. Usó su nombre de pila, pero con respeto. El profesor se giró, aún a la defensiva tras el incidente de Vega. Pero Kai estaba tranquilo. Le miraba a los ojos sin desafío. —Dime, Kai. —Entiendo que tenga que mover el examen —dijo Kai, validando primero al profesor—. El problema es que si lo hacemos el lunes, la mitad de la clase va a suspender porque el fin de semana hay competición deportiva y muchos no podrán estudiar el tema nuevo. Kai hizo una pausa. Dejó que el dato calara. —Si lo pasamos al martes, aunque tengamos Mates, creo que las notas subirán bastante. A usted le interesa que aprobemos, y a nosotros también.
Hablaba de tú a tú. Negocio. Sin emociones. Sin “es injusto”. El Sr. Gálvez se quitó las gafas. Suspiró. Ya no veía a un enemigo gritón, veía a un alumno razonable. —El martes tengo claustro… —dudó el profesor—. Pero bueno, podría ponerlo a primera hora si me prometéis que os portáis bien. —Trato hecho —dijo Kai, y le tendió la mano. El profesor se la estrechó, sorprendido. —Vale. El martes. Díselo a los demás.
Kai salió de clase. Vega seguía en el pasillo, llorando de rabia con una amiga.
Qué está pasando aquí
El aura es, en su nivel más básico, una cuestión de Economía de Energía.
Imagina que empiezas el día con 100 puntos de energía en tu batería.
- Vega (La Reactiva): Ha gastado 80 puntos en una explosión emocional de dos minutos. El resultado ha sido cero (el examen no se movió) y negativo (casi la expulsan). Ha regalado su mando a distancia al profesor: “Toma, si tú haces A, yo estallo”. Es una esclava de sus emociones.
- Leo (El Pasivo): Ha gastado 50 puntos en rumiar su odio en silencio. Se ha sentido víctima. Eso drena la confianza.
- Kai (El Proactivo): Ha gastado 5 puntos. Ha encapsulado la rabia, la ha apartado, y ha usado su cerebro racional para negociar. Ha conservado su energía y ha conseguido el objetivo.
Pierdes aura cuando:
- Te tomas todo personal: Crees que el profesor te odia. No te odia, solo tiene prisa o un mal día.
- Reaccionas en caliente: Tu boca se mueve antes que tu cerebro. En ese momento, eres un animal acorralado, no una persona con poder.
Cómo mantener el Aura
La clave es dejar de ser un “espejo” (que rebota lo que le tiran) y empezar a ser un “muro” (que absorbe y decide qué hacer).
- La regla del “Visto Mental”: Imagina que la gente te envía “inputs” emocionales (insultos, injusticias, malas caras). No tienes por qué darles “doble check azul” al instante. Puedes dejarlos en “visto” dentro de tu cabeza. Obsérvalos. “Ah, mira, me está intentando enfadar”. Y no contestes.
- Canaliza, no explotes: La ira es gasolina. Vega prendió fuego a la gasolinera y se quemó. Kai puso la gasolina en el motor y condujo el coche. Si algo te enfada, úsalo para actuar con precisión fría.
- Pregúntate: ¿Cuánto cuesta esto?: Antes de montar el drama, piensa: “¿Vale la pena gastar toda mi energía de hoy en este tío?”. La respuesta casi siempre es NO. Guárdate el poder para ti.
Cierre
Regla de Aura: Quien te enfada, te domina. Si alguien es capaz de sacarte de tus casillas con una frase, es legalmente tu dueño. Rompe la cadena.
Micro-reto (24h - La Cara de Póker) Identifica tu “botón rojo”. Esa situación que siempre te hace saltar de 0 a 100 (tu madre entrando sin llamar, perder en un videojuego, un comentario de un hermano). Hoy, cuando pase (porque pasará), haz el compromiso de CERO REACCIÓN EXTERNA. Ni un suspiro. Ni un portazo. Ni un grito. Ni una mala cara. Mantén el rostro totalmente inexpresivo. Siente la rabia hirviendo dentro, reconócela, pero no le abras la puerta. Eres un bunker. Nadie entra, nada sale si tú no quieres.