Entrar en dramas que no son tuyos
8. Entrar en dramas que no son tuyos
La verdad: Ser el “pacificador” o el “cotilla” te sale caro. El drama ajeno es radiactivo: si te acercas, aunque sea a mirar, te contaminas y pierdes brillo.
La Situación
Sábado por la mañana. 10:30. Vega se despertó con el sonido de ametralladora de su móvil vibrando contra la madera de la mesilla de noche. Brrr. Brrr. Brrr. Brrr. Brrr. No paraba. Parecía una emergencia nacional.
Se frotó los ojos legañosos, cogió el teléfono y miró la pantalla con un ojo abierto. WhatsApp: Grupo “Los Reales” (352 mensajes nuevos). Alguien había lanzado una bomba nuclear mientras ella dormía.
Abrió el chat. El scroll de mensajes pasaba tan rápido que mareaba. Había estallado la Tercera Guerra Mundial entre Bea y Sandra. Al parecer, Sandra había subido una story ayer por la noche donde se veía de fondo al ex-novio de Bea, Marcos. Y Bea había interpretado eso como una declaración de guerra.
Bea: “¡Es una traidora! ¡Todo el mundo lo sabe! ¡Va de mosquita muerta y es una víbora!” Sandra: “Tía estás loca, solo coincidimos en el mismo sitio, háztelo mirar.” Dario: “Pelea de gatas en el barro 🔥” (Dario siempre echaba gasolina). Bea: “¡Vega! ¡Tú estabas el día que me prometió que no le hablaría! ¡Dilo! ¡Vega tía contesta!”
Vega sintió el impulso eléctrico recorrerle los dedos. La llamaban a filas. Su generala, Bea, exigía lealtad. Le pedía que entrara en combate. Su dedo pulgar voló al teclado automáticamente. El “Instinto de Pertenencia” se activó. Quería escribir: “Es verdad, yo estaba delante. Sandra, no tienes razón.” Quería ser útil. Quería ser la defensora de la justicia. Quería el “casito” y la aprobación de Bea. “Gracias Vega, tú sí que eres leal”.
Pero entonces, algo la frenó. Recordó la cara de Kai en el pasillo. “Tiene el mando a distancia de tu cerebro”. Miró el chat. Era un pozo de palabras tóxicas en mayúsculas, capturas de pantalla de conversaciones privadas violadas y audios de dos minutos llenos de gritos llorosos. Era basura emocional.
Vega sintió una presión en el pecho. Si escribía, Sandra la odiaría (y Sandra le caía bien). Si no escribía, Bea se enfadaría y la acusaría de traidora. Era una trampa perfecta. No era SU drama. No era su novio, no era su problema. Era el drama de ELLAS. Pero querían arrastrarla al fango para que se manchara también.
Vega escribió: “A ver, chicas, haya paz…” Borró. Sonaba a profesora rancia. Volvió a escribir: “Yo creo que es un malentendido…” Borró. Bea se la comería viva por tibia.
El móvil quemaba en su mano. La ansiedad de “tener que participar” era física. Sentía que el grupo la estaba mirando (aunque nadie la veía). Sentía que si no opinaba, dejaba de existir socialmente. Pero… ¿y si no opinaba?
Vega respiró hondo. Hizo algo que nunca había hecho en tres años de instituto. Pulsó en el nombre del grupo. Bajó hasta opciones. Pulsó en “Silenciar notificaciones”. Seleccionó “8 horas”. Y bloqueó el móvil.
Lo lanzó al final de la cama, lejos de su alcance. Se quedó mirando el techo blanco de su habitación. El silencio en el cuarto era absoluto. Los pájaros cantaban fuera. Un rayo de sol entraba por la persiana. El drama seguía ocurriendo enfurecido en el ciberespacio, consumiendo datos y neuronas, pero ella… ella estaba fuera. En el mundo real.
Se levantó, se puso música en los altavoces (no en el móvil) y bajó a desayunar tostadas. Disfrutó del crujido del pan. Del olor del café. Cuando volvió a mirar el móvil cuatro horas después, con miedo a encontrarse cientos de insultos hacia ella, se sorprendió. El tema había cambiado. Se habían peleado con otra persona. Bea y Sandra ahora se estaban riendo de un profesor. Nadie, absolutamente nadie, había notado su ausencia. O si la habían notado, ya se les había olvidado. Se había librado. No se había manchado las manos. Se sentía limpia. Se sentía poderosa.
Qué está pasando aquí
El drama es un Vampiro de Atención. Bea cree que es la víctima, pero en realidad es la Directora de Orquesta del caos. Necesita público. Necesita validación. Necesita soldados que luchen su guerra para sentirse importante. Si Vega hubiera entrado, se habría convertido en un NPC (personaje secundario tonto) en la película de Bea. Habría gastado su energía mental y su tiempo en alimentar el ego de otra.
Al silenciar, Vega practicó la Indiferencia Selectiva. Descubrió una verdad brutal: El mundo no se acaba si tú no opinas. De hecho, al no mancharse las manos, su estatus sube. Ahora es Suiza: neutral, armada y segura. Cuando vuelva a hablar, su palabra valdrá más, porque no la regaló cuando estaba barata en medio de la pelea.
Cómo mantener el Aura
Practica el arte de que te dé igual. Tu paz mental es un jardín privado; no dejes que nadie tire sus bolsas de basura en él.
- La barrera de entrada: Si alguien viene con un chisme caliente (“¿Sabes qué ha pasado con Julia?”), córtalo suave pero firme. “Bua, ni idea, estoy a otras cosas este finde”. No le des audiencia. Si no hay público, no hay función.
- No seas el juez: Si dos amigos te piden que elijas bando (“¿A que tengo razón yo? Dile que tengo razón”), niégate en rotundo. “Es vuestra movida. Sois amigos los dos, arreglaos vosotros, yo os quiero a los dos pero paso de ser árbitro”.
- Sal del lodo digital: No manches tu aura con discusiones en redes, grupos de WhatsApp o comentarios de Instagram. Si ves mayúsculas, insultos y gente enfadada, sal. Vete. Deja el móvil. Desaparece. Nadie gana una pelea en internet, solo se pierden neuronas.
Cierre
Regla de Aura: No eres el cubo de basura emocional de nadie. No dejes que la gente vierta sus residuos tóxicos en tu mente. Si quieren drama, que se paguen un teatro.
Micro-reto (24h - El Muro de Hielo) Si hoy o mañana surge algún tema de crítica, cotilleo o drama sobre alguien que no está presente: Mantente en silencio absoluto. No asientas con la cabeza. No preguntes “¿y qué más?”. No pongas caritas de sorpresa. Saca el móvil y mira otra cosa, o mira por la ventana con cara de aburrimiento. Borra tu atención de la escena. Nota cómo el cotilla se desinfla y se calla porque no le das eco.