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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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Buscar aprobación

9. Buscar aprobación

La verdad: Necesitar que te digan “guapo” o “crack” para sentirte bien es la droga más peligrosa que existe. Te convierte en un yonqui emocional y en un esclavo de cualquiera que tenga un aplauso para darte.

La Situación

El Momento de Leo: Domingo por la tarde. La luz grisácea de la tarde entraba por la ventana. Leo llevaba cuarenta y cinco minutos encerrado en el baño. Su madre había golpeado la puerta dos veces preguntando si estaba bien. —¡Sí, ya salgo! —gritó Leo.

Estaba frente al espejo, sin camiseta. Haciendo “la pose”. Hombros hacia atrás, barbilla arriba, intentando que se marcara una sombra de abdominal que no existía del todo. Tenía el móvil apoyado en el vaso de los cepillos de dientes, con el temporizador. Click. Miró la foto. “Salgo gordo”. Borrar. Click. “Cara de tonto”. Borrar. Click. Esta no estaba mal. Había puesto el filtro “Noir” en blanco y negro para parecer misterioso y profundo. La pasó a Instagram Stories. Buscó una canción. Tenía que ser rap duro o trap, algo que dijera “soy peligroso”, aunque él estaba en pijama de franela de cintura para abajo. Añadió un emoji de fuego 🔥. Publicar.

Bloqueó el móvil. Su corazón latía rápido, un latido sucio de ansiedad. “Esta vez sí. Esta vez van a ver que molo. Esta vez Dario me va a respetar”. Se tiró en la cama. Esperó un minuto. Desbloqueó. Cero vistas. Esperó cinco minutos. Tres vistas. Su prima y dos bots. Esperó una hora. El silencio digital era ensordecedor. Entraba cada treinta segundos a refrescar. Necesitaba el chute. Necesitaba la validación. Al final de la tarde, tenía 40 vistas. Y cero reacciones. Ni un fuego. Ni un corazón. Nada. Se sintió estúpido. Se sintió feo. Se sintió transparente. “Nadie me ve. Hago el ridículo”. Borró la story con rabia antes de cenar.

El Momento de Vega: Lunes por la mañana. Recreo. Vega estaba en el parque con dos chicas del grupo de las “divas”, amigas de Bea. No le caían bien. Eran malas. Pero estar con ellas significaba estar “arriba”. Pasó una profesora nueva que vestía un poco anticuada. Las divas se rieron por lo bajo. Vega, queriendo encajar, queriendo sumar puntos, soltó un comentario cruel: —Madre mía, parece que se ha vestido con la ropa del contenedor de Cáritas, ¿no?

Esperó las risas cómplices. Esperó que la aceptaran en la manada. Pero las chicas la miraron. Se miraron entre ellas. Y soltaron una risita fría, de desprecio. —Tía, Vega, qué bruta eres —dijo una, con un tono de falsa superioridad moral—. Pobre mujer. Vega se quedó helada. Se puso roja hasta la raíz del pelo. Había intentado ser mala para gustarles, había traicionado sus propios valores, y encima había fallado. Había quedado como una “bocachancla” cruel y desesperada.

El Cruce: Lunes por la tarde. Biblioteca del instituto. El único santuario de silencio. Leo estaba escondido detrás de una estantería de Enciclopedias que nadie usaba desde 1999. Estaba mirando su móvil, releyendo mensajes antiguos, sintiéndose miserable por el fracaso de su foto. Al levantar la vista, vio a Vega. Estaba sentada en una mesa cercana, sola. Tenía la cabeza apoyada en los brazos, escondida entre sus libros. Parecía agotada. Parecía derrotada. Estaba mirando su pantalla con asco.

Sus miradas se cruzaron. No hizo falta hablar. Leo vio en los ojos de Vega la misma vergüenza pegajosa que él sentía. Vega vio en los ojos de Leo el mismo cansancio infinito. El cansancio de fingir.

—Estamos haciendo el idiota, ¿verdad? —susurró Vega. Su voz sonó ronca en el silencio de la biblioteca. Leo parpadeó, sorprendido de que le hablara a él. —¿Qué? —Intentar gustarles —dijo Vega, haciendo un gesto vago con la mano hacia la ventana, hacia el patio, hacia donde reinaban Dario y Bea—. Es agotador. Es como intentar llenar un cubo que tiene agujeros. Leo asintió despacio. Sintió un alivio inmenso al oírlo en voz alta. —Sí. Es una mierda. Me siento como un actor malo en una obra que odio.

—Pues se acabó —dijo Vega. Cerró su libro con un golpe seco que levantó polvo—. Paso de ellos. Paso de intentar impresionar a gente que me da igual y a la que yo les doy igual.

En ese momento, la puerta de la biblioteca se abrió. Entró Kai. Venía de entrenar. Llevaba el pelo un poco mojado. Caminaba con esa tranquilidad suya, como si el suelo le perteneciera. Se sentó en una mesa alejada, sacó un cuaderno y se puso a dibujar o a escribir. No sacó el móvil. No miró a ver si alguien le miraba. No buscó aprobación. Simplemente estaba. Estaba completo. No necesitaba que nadie le diera “like” para saber que existía.

Leo y Vega le miraron. Luego se miraron entre ellos. Acababan de entenderlo.

Qué está pasando aquí

Este es el Punto de Quiebre. Leo y Vega han tocado fondo en la adicción a la Validación Externa.

  • Leo tiene una correa invisible en el cuello y le ha dado el extremo de la correa a sus seguidores de Instagram. Cuando le ignoran (tiran de la correa), él se ahoga.
  • Vega le ha dado la correa a las “divas”. Cuando la juzgan, ella se encoge.

Es un comportamiento de mascota. Buscan la caricia del amo. Y a las mascotas se las quiere, se las pasea, pero no se las respeta. Un lobo no pide caricias.

Kai ha cortado la correa. Su depósito de autoestima lo llena él mismo. Es un circuito cerrado de energía. “Me gusta esto, por eso lo hago”. “Me visto así porque quiero”. Leo y Vega, en esa biblioteca, acaban de decidir cortar la correa. Han decidido dejar de ser actores secundarios en la película de Dario y empezar a escribir su propio guion.

Cómo mantener el Aura

Tienes que aprender a alimentarte tú solo. Tienes que ser autotrófico emocionalmente.

  1. Haz cosas en secreto (El Proyecto Fantasma): Lee un libro, aprende trucos de magia, dibuja cómics, sal a correr o aprende a programar… pero NO lo subas a Stories. Hazlo solo para ti. Disfruta de tener secretos que nadie puede juzgar. Si nadie sabe que lo haces, nadie puede criticarlo ni aplaudirlo. Es 100% tuyo. Eso construye un núcleo de hierro.
  2. Opina diferente (La Prueba de Vida): Si todo el grupo dice que la peli nueva de Marvel es una obra maestra y a ti te aburrió, dilo. “Pues a mí no me ha gustado, me he dormido”. Sin pelear. Solo demostrando que tu criterio te pertenece. Si siempre opinas como la mayoría, no tienes opinión, tienes eco.
  3. Acepta el “dislike”: Asume que no le vas a gustar a todo el mundo. De hecho, si le gustas a todo el mundo, es que eres muy falso. Tener gente a la que le caes mal es la señal definitiva de que tienes personalidad. Alégrate de tus haters. Significan que eres alguien.

Cierre

Regla de Aura: Valídate tú primero. Mírate al espejo antes de salir y di “hoy voy fetén”. Si luego los demás te aplauden, es un extra divertido, como el postre. Pero tú ya has comido. Si no te aplauden, no te mueres de hambre.

Micro-reto (72h - El Secreto) Haz algo genial hoy o mañana (una buena acción, un dibujo, terminar un libro, un récord personal en el gimnasio). Y NO SE LO CUENTES A NADIE. A nadie. Ni a tu mejor amigo. Ni a redes. Guárdatelo como un tesoro caliente en el pecho. Siente el poder de “yo sé lo que valgo y no necesito que tú me lo confirmes”. Es una sensación eléctrica y adictiva.