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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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Aura en redes

17. Aura en redes

La verdad: En Internet, la atención es oxígeno. Si le cortas el suministro al fuego, se apaga. El silencio es el único lujo real en un mundo de notificaciones.

La Situación

El sábado por la noche, el móvil de Leo vibró sobre la mesilla. No fue una vibración normal. Fue un espasmo. Zzzzt. Zzzzt. Zzzzt. Tres notificaciones seguidas. Luego diez. Luego el teléfono no paró.

Leo estaba en la cama, a punto de dormir. Cogió el móvil con el corazón en la garganta. La luz azul de la pantalla le golpeó los ojos en la oscuridad. Abrió Instagram. Alguien (una cuenta falsa llamada “VerdadesOcultas33”) había subido una Story etiquetándole a él y a medio instituto. La Story decía: “Confirmado: LEO le ha tirado los tejos a la novia de Javi, el de Bachillerato. Hay capturas. Se va a liar. 🤡🐀”.

Era mentira. Era una mentira tan absurda que Leo casi se ríe. Él ni siquiera conocía a la novia de Javi. Ni la había visto nunca. Pero cuando vio los comentarios, la risa se le congeló en el estómago. “Qué fuerte”. “La rata de Leo”. “Javi le va a partir las piernas”. “Qué decepción tío”.

Dario, por supuesto, había compartido la historia en su perfil añadiendo una encuesta: “¿Creéis que Leo es culpable? 🔥 SÍ / 🤮 NO”

Leo sintió que las paredes de su habitación se cerraban. El pánico era físico, frío y sudoroso. Su dedo pulgar volaba sobre el teclado. Tenía que defenderse. Tenía que pararlo YA. Abrió Notas. Empezó a escribir un comunicado frenético: “ESO ES MENTIRA. NO CONOZCO DE NADA A ESA CHICA. SOIS UNOS MENTIROSOS.”

Iba a publicarlo. Iba a subir historias gritando, llorando, explicando, suplicando que le creyeran. Necesitaba limpiar su nombre. Justo cuando iba a pulsar “Enviar”, entró una llamada. Era Vega.

Leo descolgó, con la voz temblorosa. —¿Lo has visto? —preguntó Leo, al borde del llanto—. Es mentira, Vega, te lo juro, es mentira. —Lo sé —dijo Vega. Su voz sonaba extrañamente tranquila a través del altavoz—. Escúchame, Leo. No publiques nada. —¡Tengo que defenderme! ¡Están diciendo que…! —Leo. Para. —Vega fue tajante—. Si subes esa nota, estás muerto. Si te defiendes, pareces culpable. Si te enfadas, les das lo que quieren: show. —¿Y qué hago? ¿Dejo que me insulten? —Haz un apagón —dijo Vega—. Desaparece. No subas nada. No contestes a nadie. No entres en Instagram. Deja que hablen con la pared.

Dolió. Dolió muchísimo. Leo pasó las siguientes 24 horas con el síndrome de abstinencia. Miraba el móvil apagado encima de la mesa como si fuera una bomba nuclear. Quería entrar. Quería ver quién le insultaba. Quería gritar. Pero aguantó. Se obligó a salir a correr sin móvil. Se obligó a ver una peli con sus padres.

El domingo por la noche, el rumor seguía. El lunes por la mañana, cuando Leo cruzó la puerta del instituto, sentía las miradas de todos como láseres quemándole la piel. Dario vino directo a por él, con una sonrisa de depredador. —Eh, “Loverboy” —dijo Dario, poniéndole el móvil en la cara—. Menuda la que has liado. Javi te está buscando. ¿Qué tienes que decir?

Treinta personas se giraron esperando el drama. Esperaban a un Leo lloroso, o a un Leo furioso gritando “¡Es mentira!”. Leo recordó el fin de semana. Recordó la paz de no estar conectado. Miró a Dario. Miró el móvil. Y sonrió. Una sonrisa de cansancio real. —Qué pereza dais a veces —dijo Leo, y siguió andando.

Ni una explicación. Ni un “es mentira”. Dario se quedó con el móvil en la mano, sin guion. Javi, el novio supuestamente engañado, vio la reacción de Leo. Vio a un tío tranquilo a quien todo eso le resbalaba. “Si fuera verdad, estaría nervioso”, pensó Javi. Esa misma tarde, el rumor murió. Nadie hablaba ya de Leo. Había un cotilleo nuevo sobre una profesora. Leo había ganado por incomparecencia del rival.

Qué está pasando aquí

Las redes sociales funcionan con una economía muy simple: El Drama es el Producto. Dario y la cuenta anónima no querían la verdad. Querían reacciones. Querían que Leo saltara, llorara y generara contenido para entretenerles el fin de semana.

Cuando Leo iba a publicar su defensa, iba a cometer el error de Validar el Marco. Si te defiendes, confirmas que el ataque te ha herido. Dices: “Vuestra opinión es tan importante para mí que voy a dedicar mi domingo a escribiros esto”. Eso es sumisión.

Al hacer Ghosting Estratégico (desaparecer), Leo envió la señal definitiva de Aura: Escasez. “Mi atención es demasiado cara para gastarla en vuestras tonterías”. El silencio es un espejo. Cuando Dario gritó y Leo no contestó, los gritos de Dario rebotaron y le hicieron parecer a él un histérico, mientras Leo parecía un lord inglés intocable.

Cómo mantener el Aura

Sé un fantasma VIP.

  1. La Regla de la No-Defensa: Jamás uses tus Stories para aclarar “malentendidos”, lanzar indirectas (“para los que hablan sin saber…”) o justificar tus actos. Eso es “Bajas Vibraciones”. Tus redes son para mostrar tu vida, no para lavar tus trapos sucios.
  2. El poder de NO borrar: Si subes una foto y tiene 3 likes, NO la borres. Si la borras, estás admitiendo ante todos que solo te importa la validación. Déjala ahí. “Me gusta a mí, punto”. Eso transmite una confianza brutal.
  3. Ayuno de Dopamina: Cuando haya lío, desaparece. Literalmente. Borra la app del móvil por 3 días. Que la gente se pregunte “¿Dónde está Leo? ¿Por qué no entra al trapo?”. El misterio genera respeto. La disponibilidad total genera desprecio.

Cierre

Regla de Aura: El león no se gira cuando los perros ladran. Y mucho menos les dedica un Story explicándoles detalladamente por qué sus ladridos son incorrectos. Simplemente sigue caminando.

Micro-reto (Semanal - El Muro de Hielo) La próxima vez que alguien te mande algo polémico, te critique o intente picarte por WhatsApp o redes: Déjalo en “Visto” (o ni eso, no lo abras). Y no contestes. Nunca. Siente la ansiedad de querer tener la última palabra. Y luego siente el poder absoluto de dejarles hablando solos. Es adictivo.