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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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Aura y bromas

18. Aura y bromas

La verdad: Si te ríes de ti mismo, te vuelves antibalas. Nadie puede usar tus defectos contra ti si tú ya los has puesto sobre la mesa y has hecho confeti con ellos.

La Situación

El martes fue el “Incidente del Comedor”. El comedor del instituto era, socialmente hablando, un campo de minas. El ruido era ensordecedor: cubiertos de metal golpeando bandejas de plástico, gritos, risas, olor a fritos y hormonas.

Leo caminaba por el pasillo central llevando su bandeja como si llevara nitroglicerina. Menú del día: Puré de verduras (radiactivo), dos vasos de agua oscilantes y una naranja perfectamente esférica. Leo iba buscando a Vega, escaneando las mesas, intentando no cruzar miradas con los de Bachillerato.

Y entonces, ocurrió. Un pie traicionero salió de debajo de una mesa. Quizás fue un accidente. Quizás fue una zancadilla. Daba igual. Las leyes de la física tomaron el mando.

Leo tropezó. El tiempo se ralentizó. Fue como una película de acción en cámara lenta. Leo vio cómo su bandeja se inclinaba. Vio cómo la gravedad reclamaba su tributo. Los vasos de agua salieron despedidos, girando en el aire, derramando un arco de líquido brillante sobre la espalda de un chico de tercero que comía tranquilo. La naranja rodó libre, feliz, cruzando todo el pasillo. Y el puré… el puré aterrizó con un sonido húmedo y asqueroso en medio del suelo. SPLAT. CLANG. (La bandeja metálica rebotando tres veces).

Todo el comedor, treintas mesas, trescientas personas, se calló. Fue un silencio de anticipación. El silencio del coliseo antes de que los leones se coman al gladiador. Todos miraron a Leo. Leo estaba de pie, con las manos vacías, rodeado de desastre.

El Leo de la semana pasada habría muerto allí mismo. Se habría puesto rojo como la grana. Se habría tirado al suelo a intentar limpiar el puré con sus mangas, balbuceando “perdón, perdón, lo siento, soy tonto”, mientras las lágrimas le picaban en los ojos. Dario, desde su mesa, ya estaba cogiendo aire para gritar “¡Torpe!” y liderar la humillación pública.

Pero Leo hizo algo extraño. Leo no se encogió. Leo respiró hondo. Miró el caos a sus pies. Miró al chico empapado. Miró a las trescientas personas que le miraban. Y levantó los brazos en V. Como un gimnasta olímpico que acaba de clavar un triple mortal.

—¡Y el jurado le da un diez! —gritó Leo con voz potente, proyectando hasta el fondo—. ¡Gracias, gracias! ¡No intenten esto en casa, soy profesional!

Hubo un segundo de desconcierto. Y luego, el comedor estalló. Pero no fue la risa cruel y afilada que Leo temía. Fue una carcajada genuina. Una risa de alivio. Una risa con él. Leo había convertido una tragedia en una comedia. Se había convertido en el payaso, pero no en el hazmerreír. Hasta el chico mojado sonrió mientras se secaba con una servilleta. —Qué buena, tío —le dijo a Leo.

Leo le ayudó a limpiarse, tranquilo, sin perder la dignidad. Pidió una fregona. Dario, que se había quedado con el insulto en la boca, tuvo que tragárselo. Parecía frustrado. No puedes llamar “torpe” a alguien que se acaba de llamar “gimnasta profesional” a sí mismo. Leo le había robado el chiste. Leo le había robado el poder.

Qué está pasando aquí

Leo aplicó el principio de Antifragilidad. Lo frágil se rompe con el golpe. Lo antifrágil se hace más fuerte con el golpe. El acoso escolar y las burlas se alimentan de una sola cosa: Tu Vergüenza. Dario esperaba que Leo se sintiera avergonzado. Ese era su combustible.

Al practicar el Amalgame (Apropiación), Leo cortó el suministro de vergüenza. “Sí, me he caído. Sí, ha sido espectacular. Y además, hago un chiste sobre ello”. Al exagerarlo (“soy profesional”), Leo demostró que su autoestima no depende de no caerse. Demostró que se acepta a sí mismo, torpezas incluidas. Y no hay nada más magnético que alguien que se acepta radicalmente.

Si Leo se hubiera enfadado o escondido, el incidente habría sido “La vez que el pringado de Leo se cayó”. Ahora, el incidente será recordado como “La vez que Leo hizo aquella coña buenísima”. Ha reescrito la historia.

Cómo mantener el Aura

Sé el primero en reírte de tu sombra.

  1. Robar el marco: Si te sale un gallo al hablar en público, no tosas y mires al suelo. Di: “Madre mía, estoy entrando en la pubertad otra vez a los 16”. Y sigue hablando. Si lo dices tú, nadie más puede usarlo como arma.
  2. No te defiendas de lo obvio: Si tienes un grano gigante en la nariz, no intentes taparlo con la mano (efecto Streisand, todo el mundo mirará más). Di: “Le he puesto nombre, se llama Roberto. Saludad a Roberto, hoy viene conmigo a clase”. Desactivado.
  3. Diferencia Broma de Insulto: Ojo. Reírte de ti mismo (Aura) no es dejar que otros te insulten y tú reírte (Sumisión, capítulo 6). Si TÚ haces el chiste, es poder. Si OTRO hace el chiste cruel y tú ríes por compromiso, es debilidad. Sé tú el primero. Sé el dueño del micro.

Cierre

Regla de Aura: Tus defectos son munición. Si los escondes, otros los encontrarán y te dispararán con ellos. Si los sacas tú y los disparas al aire como fuegos artificiales, se convierten en espectáculo. Nadie puede herirte con lo que tú ya has aceptado.

Micro-reto (24h - El Autozasca) Hoy, cometerás un error. Seguro. Se te caerá algo, dirás una palabra mal, tropezarás. En ese instante exacto: Haz un comentario gracioso sobre ti mismo en voz alta. “Vaya, hoy tengo las manos de mantequilla”. “Mi cerebro está en modo avión”. Sonríe. No pidas perdón (a menos que dañes a alguien). Nota cómo la tensión desaparece y nadie te ataca.