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Miguel Ángel Ballesteros

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Aura y profesores / adultos

19. Aura y profesores / adultos

La verdad: Los adultos están acostumbrados a dos tipos de niños: los asustados que suplican y los rebeldes que gritan. Cuando les hablas como un adulto sereno, les hackeas el sistema operativo mental.

La Situación

El despacho del Jefe de Estudios, el Sr. Martínez, era el lugar más temido del instituto. Olía a café rancio y a expedientes disciplinarios. Las paredes estaban cubiertas de archivadores grises que parecían lápidas. Se le conocía como “El Terminator”. No tenía piedad. Si entrabas allí, salías con un parte.

Vega estaba en la puerta, con la mano levantada para llamar. El corazón le latía en la garganta como un pájaro atrapado. Tenía un problema grave. Ayer, el Sr. Martínez le había puesto un parte de amonestación por estar en el pasillo en hora de clase. Pero era un error. Vega tenía permiso. Tenía un papel firmado por la profesora de Mates para ir al baño porque se encontraba mal. El problema es que, cuando Martínez la pilló ayer, Vega se asustó, intentó tartamudear una excusa, él le gritó “¡Al despacho!” y ella se bloqueó. El parte ya estaba puesto. Si llegaba a casa, sus padres la matarían. El fin de semana peligraba.

La Vega de hace un mes habría hecho una de estas dos cosas: A) Irse a casa llorando y que su madre viniera al día siguiente a montar un pollo. B) Entrar gritando “¡Es injusto!” y llevarse un segundo parte por insolente.

Pero Vega respiró hondo. Recordó a Kai. Recordó la calma. Se alisó la camiseta. Levantó la barbilla. Llamó. Dos toques. Secos. Toc-toc. —¡Adelante! —bramó la voz desde dentro.

Vega entró. No se quedó pegada a la puerta como hacían todos. Caminó hasta la mesa y se quedó de pie, esperando. El Sr. Martínez estaba escribiendo algo furiosamente. —¿Qué quieres? Estoy ocupado. ¿Te han echado de clase?

Vega no se encogió. —Buenos días, Sr. Martínez —dijo. Su voz no era la de una niña regañada. Era la voz de una cliente en un banco. El hombre levantó la vista, sorprendido por el saludo. —Vengo a resolver un error administrativo —continuó Vega.

No dijo “es injusto”. No dijo “usted se equivocó”. No dijo “por favor quítemelo”. Usó dos palabras mágicas: Error Administrativo. El Sr. Martínez parpadeó. Se ajustó las gafas. —¿Qué error? —Ayer me puso un parte por estar en el pasillo a las 11:30. Aquí tengo el justificante firmado por la profesora Marta con la hora: 11:28 a 11:35. —Vega sacó el papelito arrugado, lo alisó con cuidado sobre la mesa y se lo acercó—. Entiendo que ayer con las prisas usted no lo viera, pero el parte consta en mi expediente y no se corresponde con la realidad. Me gustaría dejarlo solucionado hoy.

Silencio. El reloj de pared hacía tic-tac, tic-tac. El Sr. Martínez miraba el papel. Miraba a Vega. Miraba el papel otra vez. Su cerebro estaba intentando clasificar a Vega. No era una “alumna problemática”. No era una “llorica”. Estaba hablando el idioma de la Burocracia. El idioma de los Adultos. Y entre adultos, se negocia.

El Terminator suspiró. Se echó hacia atrás en la silla. La agresividad desapareció de su cara. —A ver… sí. Es la firma de Marta. Pues vaya… podrías habérmelo dicho ayer. —Intenté decírselo, pero había mucho ruido —dijo Vega, concediéndole una salida digna. No le acusó de gritar. Le dio una excusa. —Ya. Bueno. El Jefe de Estudios abrió el temido Libro de Partes. Buscó la página de Vega. Sacó su bolígrafo rojo. Y tachó el parte. —Anulado. ¿Algo más?

Vega sintió una explosión de euforia en el pecho, pero mantuvo la cara de póker. —Nada más. Gracias por su tiempo. Se dio la vuelta y salió. Cerró la puerta con suavidad.

En el pasillo, sola, Vega dio un pequeño salto de victoria y apretó el puño. Se sentía gigante. Había mirado al monstruo a los ojos y el monstruo había parpadeado.

Qué está pasando aquí

El Aura con adultos se basa en el Respeto Transaccional. Los profesores y directores están a la defensiva porque pasan el día peleando con adolescentes hormonados. Ven a los alumnos como “ruido”. Cuando tú te comportas como un niño (emocional, ruidoso, excusas), ellos activan el “Modo Padre/Policía” (autoridad, castigo, protección).

Vega activó el “Modo Adulto”. Usó:

  1. Lenguaje Elevado: “Error administrativo”, “solucionar”, “expediente”. Son palabras que denotan seriedad.
  2. Validación del contexto: “Entiendo que usted no lo viera”. Eso desarmó la defensa del profesor. Si le hubiera atacado (“usted pasó de mí”), él se habría cerrado en banda para proteger su ego.
  3. Firmeza tranquila: No suplicó. Presentó pruebas.

Al tratarle como a un igual (con respeto, pero sin miedo), obligó al Sr. Martínez a tratarla a ella como a una igual.

Cómo mantener el Aura

Cambia tu marco mental: El instituto es tu trabajo y los profesores son tus jefes o clientes.

  1. Mira a los ojos al hablar: Es el fallo número uno. Muchos adolescentes miran al suelo o desvían la mirada cuando les habla un adulto. Eso grita “soy culpable” o “soy débil”. Mírale a los ojos. Asiente. Mantén la cabeza alta.
  2. Elimina el “Es que…“: “Es que el autobús…”, “Es que mi perro…”. Las excusas son infantiles. Asume la responsabilidad o presenta hechos. “Llego tarde. Lo siento. Me sentaré en silencio”. Eso es mucho más potente que cinco minutos de historia inventada.
  3. Saluda a los invisibles: Los adultos aman a los alumnos educados porque son una especie en extinción. Saluda al conserje, a la limpiadora, al director y al profesor por el pasillo. “Buenos días”. Conviértete en una “persona”, no en un “número”. A las personas se las ayuda. A los números se los gestiona.

Cierre

Regla de Aura: Si te comportas como un niño, te tratarán como a un niño (te mandarán a callar). Si te comportas como un adulto, te tratarán como a un adulto (te escucharán). Tú eliges el nivel de dificultad del videojuego.

Micro-reto (24h - El Profesional) Mañana, ten una interacción “profesional” con un profesor o adulto. Puede ser un saludo, una duda o pedir algo. Hazlo de pie (no sentado tirado en la silla), mirando a los ojos y con voz clara. Usa “Disculpe”, “Gracias”, “Por favor”. Observa su cara de sorpresa. Observa cómo cambian su tono de voz (de mandón a amable) en cuestión de segundos.