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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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Vergüenza, miedo y enfado

21. Vergüenza, miedo y enfado

La verdad: Las emociones no son órdenes. Son notificaciones de tu sistema operativo. Tú eres el usuario: decides si haces doble clic o las mandas a la papelera.

La Situación

Jueves. El día después del “No”. La euforia heroica de haber defendido a Pablo se había evaporado como el alcohol barato. Ahora venía la resaca emocional.

Leo caminaba por el pasillo del instituto hacia el baño y sentía que caminaba por un desierto. Veía a los grupos formados. Veía a Dario cuchicheando con Bea, riéndose, organizando los coches para la fiesta de mañana. “¿Tú llevas las bebidas?”, oía. “Yo llevo los altavoces”. Era el sonido de la exclusión. Y dolía. Dolía físicamente, como un puñetazo en el estómago.

Leo entró en el baño y se encerró en un cubículo. Se apoyó contra la puerta fría. Su cerebro empezó a dispararle.

  • LA VOZ DEL MIEDO: “Eres imbécil, Leo. Has tirado tu oportunidad. Te vas a quedar solo para siempre. Nadie te va a invitar nunca más. Vas a ser un marginado toda la vida.”
  • LA VOZ DE LA VERGÜENZA: “Mira cómo te miran. Piensan que eres un pringado. Piensan que no vas porque no molas. Eres patético.”
  • LA VOZ DEL ENFADO: “Es culpa de Pablo. Si no fuera por ese friki, yo estaría ahí dentro. Es injusto. ¡Yo merezco ir! ¡Yo tengo aura!”

Leo se sintió sucio por pensar eso de Pablo. Y se sintió peor. Las lágrimas de rabia le picaban en los ojos. Quería salir, buscar a Dario y suplicarle: “¡Perdón! ¡Voy a ir! ¡Déjame entrar!”.

La puerta del baño se abrió. Pasos tranquilos. Agua corriendo. Leo se secó la cara con la manga, respiró hondo y salió del cubículo. Kai estaba allí, secándose las manos con papel. Kai le vio la cara. Era imposible no verla. Leo parecía un fantasma.

—¿Mala mañana? —preguntó Kai, sin dejar de secarse, tono neutro. —He rechazado ir a la fiesta de Dario —soltó Leo. Las palabras salieron como vómito—. Para no dejar tirado a Pablo. Kai levantó las cejas. —Honorable. —Sí, honorable —escupió Leo con sarcasmo amargo—. Y ahora me siento como una auténtica mierda. Tengo miedo de haberla cagado. Tengo envidia. Tengo rabia. Me odio. Leo golpeó la pared de azulejos con el puño. —¡No debería sentirme así! ¡Debería sentirme bien por hacer lo correcto!

Kai tiró el papel a la papelera. Se giró y se apoyó en el lavabo, cruzando los brazos. —Bienvenido a la biología, Leo. —¿Qué? —Tu cerebro de primate está programado para sobrevivir en la tribu —explicó Kai con calma clínica—. Hace 50.000 años, si la tribu te dejaba fuera de la fiesta (la hoguera), te morías de frío o te comía un león. Kai señaló el pecho de Leo. —Ese dolor que sientes no es “verdad”. Es una alarma química antigua. Tu cerebro está gritando: “¡Peligro! ¡Exclusión! ¡Muerte!”.

Leo se tocó el estómago. —Pues parece muy real. —Lo es. Es el síndrome de abstinencia de la validación. Es una droga. Y acabas de dejarla de golpe. Kai le miró a los ojos, intenso. —Escucha. No intentes no sentirlo. Déjalo estar. Tienes miedo. Tienes envidia. Vale. Permítelo. —¿Y qué hago? —Nada —dijo Kai—. Siéntelo y no hagas nada. No obedezcas. El miedo es un pasajero en tu coche. Puede gritar, puede llorar, puede patalear en el asiento de atrás. Pero tú… tú sigues conduciendo. Tú llevas el volante.

Leo cerró los ojos. Sintió el nudo. —El miedo va en el maletero —susurró Leo. —Exacto —Kai sonrió levemente—. Y mañana, te prometo que el nudo se habrá soltado. Aguanta hoy.

Leo se lavó la cara con agua helada. Al levantar la vista al espejo, seguía estando pálido. Pero sus manos ya no temblaban.

Qué está pasando aquí

Leo está experimentando la Resistencia del Ego. Cuando tomas una decisión de Alto Valor (Integridad), tu parte animal se rebela. Quiere volver a la seguridad del rebaño. La mayoría de la gente falla aquí. Sienten el miedo y piensan: “Uy, si me siento mal, es que he hecho algo mal”. Y vuelven corriendo a pedir perdón al líder tóxico.

El superpoder de Kai (y ahora de Leo) es la Disociación Emocional. “Siento miedo, pero yo NO SOY mi miedo”. Tratas a tus emociones como datos, no como instrucciones.

  • Dato: “Siento envidia”.
  • Acción: “Sigo fiel a mis principios”.

Cómo mantener el Aura

Aprende a surfear la ola química sin ahogarte.

  1. Etiqueta la emoción: En el momento en que digas mentalmente: “Esto que siento se llama Miedo a la Exclusión”, le quitas el poder. Lo conviertes en un objeto que puedes estudiar. “Vaya, mi cerebro está soltando cortisol. Curioso”.
  2. La Regla de los 90 segundos: Los neurocientíficos dicen que una emoción química tarda unos 90 segundos en recorrer tu cuerpo y disiparse, si no la alimentas. Cuando te venga el agobio, mira el reloj. Aguanta minuto y medio respirando. Verás cómo la intensidad baja del 10 al 5.
  3. Actúa CON miedo, no SIN miedo: No esperes a ser valiente para actuar. La valentía no es la ausencia de miedo. La valentía es hacer lo correcto mientras te tiemblan las piernas y te suda la espalda. Eso es lo que cuenta.

Cierre

Regla de Aura: Tus emociones son consejeros ruidosos. Escúchalas (“Gracias por el aviso, Miedo, tomo nota”), pero nunca les des el volante de tu vida. Tú eres el conductor.

Micro-reto (24h - El Observador) La próxima vez que sientas una emoción fuerte desagradable (vergüenza, ira, envidia): No reacciones al instante. No grites, no escribas, no te justifiques. Quédate quieto. Cierra los ojos. Imagina que eres un científico mirando un microscopio. “¿Dónde lo siento? ¿En el pecho? ¿En la garganta? ¿Es caliente? ¿Frío?” Obsérvalo hasta que desaparezca.