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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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No necesitas más aura que nadie

25. No necesitas más aura que nadie

La verdad: El objetivo de este viaje nunca fue ganar a Dario. El objetivo era dejar de jugar a su juego. Cuando dejas de competir, empiezas a existir de verdad.

La Situación

La noche de la fiesta de fin de curso oficial. El gimnasio del instituto, habitualmente un lugar de sudor y gritos, se había transformado. Habían colgado sábanas blancas para tapar las espalderas, había luces de colores giratorias y alguien había traído una máquina de humo que hacía toser a los profesores. La música comercial retumbaba en las paredes, haciendo vibrar los cristales.

Otros años, Leo y Vega no habrían ido. O habrían ido para quedarse pegados a la pared, invisibles, mirando con envidia a los populares bailar en el centro. Esta vez, entraron por la puerta grande. No entraron mirando a los lados para ver quién les miraba (el clásico “Chequeo de Estatus” del inseguro). No entraron intentando ocupar el centro de la pista para marcar territorio (la “Territorialidad” del agresivo). Entraron riéndose de un chiste absurdo que acababa de contar Pablo sobre un pingüino.

Caminaban relajados. Leo llevaba una camisa que le gustaba (sin importarle si estaba de moda). Vega llevaba las zapatillas cómodas, no los tacones que le hacían daño. El grupo de los “populares” estaba, como siempre, cerca de la cabina del DJ. Pero algo había cambiado. Su círculo ya no era hermético. Se veía poroso. La gente entraba y salía. Dario estaba en una esquina, con una copa en la mano, rodeado de su corte menguante. Intentaba mantener el control, gritando, forzando brindis, riéndose demasiado alto. Pero se le veía cansado. Mantener la máscara de Rey Falso agota.

Vega se dirigió a la barra improvisada a por refrescos. Bea estaba allí, retocándose el brillo de labios en el reflejo de una ventana. Al ver a Vega, Bea se tensó. Se irguió, sacó pecho. Esperaba el conflicto. Esperaba una mirada de desafío, de “te he ganado, ahora yo soy la reina”. Bea preparó su cara de asco.

Pero Vega simplemente llegó a su lado, pidió dos colas y miró a Bea. —Hola, Bea —dijo Vega. —Hola —respondió Bea, seca, a la defensiva. —Me mola tu vestido —dijo Vega, señalando la tela plateada—. Te queda genial ese color, te hace los ojos súper brillantes. Lo dijo de verdad. Sin ironía. Sin sarcasmo oculto. Era un cumplido limpio.

Bea se quedó helada. El tubo de brillo de labios se le resbaló de los dedos. —Ah… ¿gracias? —balbuceó, confundida—. El tuyo es… muy tú. Original. —Gracias —sonrió Vega. Cogió sus refrescos—. Bueno, disfruta la noche. A ver si ponen algo que no sea reggaetón del malo. Y se fue.

Bea se quedó mirando la espalda de Vega mientras se alejaba. La hostilidad se había evaporado porque Vega no había traído combustible para quemarla.

Un rato después, Leo fue al baño. Al lavarse las manos, la puerta se abrió y entró Dario. Estaban solos frente a los espejos. El ruido de la fiesta llegaba amortiguado, como un latido lejano. Dario se miró al espejo. Se arregló el pelo obsesivamente. Estaba pálido. Vio a Leo a través del espejo. Dario se tensó. Esperaba el golpe. Esperaba que Leo hiciera algún comentario sarcástico sobre la presentación desastrosa de la mañana. “Vaya ridículo hiciste, eh”. Dario apretó los puños, listo para saltar.

Leo se secó las manos con papel, tranquilamente. Tiró el papel a la papelera. Se giró hacia Dario. —Buen verano, Dario —dijo Leo. Su tono era sincero. Le deseaba un buen verano. De verdad.

Dario abrió la boca, pero no salió nada. Leo salió del baño. Dario se quedó solo frente al espejo. Miró su reflejo. Vio a un chico cansado de fingir. Y por un segundo, sintió una envidia terrible de la paz que tenía Leo.

Leo volvió al gimnasio. Sus amigos (que ahora eran un grupo grande, heterogéneo, mezclado con gente de otros cursos) estaban haciendo un círculo de baile ridículo. Leo se metió en medio. Se puso a bailar como un robot estropeado, horrible, a propósito. La gente se reía. Él se reía. En ese momento, Leo se dio cuenta de la verdad final. Dario ya no era el enemigo. Bea ya no era la enemiga. Eran solo chicos asustados, igual que él lo había sido. Leo ya no necesitaba “tener más aura” que Dario. Esa competición no tenía sentido. Leo tenía su vaso lleno. Y cuando tu vaso está lleno, no necesitas mirar si el del vecino tiene más o menos.

Qué está pasando aquí

El final del viaje del Héroe no es la Dominación. Es la Liberación. Muchos caen en la trampa final: creen que “tener Aura” significa convertirse en el nuevo tirano del instituto. Creen que el éxito es pisar a los que antes te pisaban. Eso es falso poder. Eso es seguir jugando al Juego del Estatus, solo que has cambiado de equipo. Sigues siendo un esclavo de la comparación.

Leo y Vega han trascendido el juego. Ya no les importa “y ganar”. Son amables con Bea y Dario porque no les temen. Solo eres cruel con aquello que te amenaza. Como Dario y Bea ya no son una amenaza para su autoestima, Leo y Vega pueden permitirse el lujo supremo de ser generosos.

Esto es el Aura Solar. Una estrella no compite con las otras estrellas para ver quién brilla más. Simplemente brilla porque es su naturaleza. Y su gravedad atrae a los planetas de forma natural, sin esfuerzo.

Cómo mantener el Aura

Gradúate del instituto mental. Deja de medirte pollas (metafóricamente).

  1. Deja de escanear la sala: Si entras en una habitación y tu primer pensamiento es “¿Quién tiene más poder aquí, él o yo?”, has perdido. Entra pensando: “¿Cómo podemos pasarlo bien?”. Cambia el foco de “Poder” a “Disfrute”.
  2. Elogia a tus “enemigos”: Es la prueba de fuego de la autoestima. Si alguien que te cae mal hace algo bueno, díselo. “Buen trabajo”. “Bonita camiseta”. Eso demuestra una seguridad en ti mismo aplastante. Solo los reyes pueden elogiar a otros reyes sin sentirse amenazados.
  3. Renuncia al trono: No intentes ser el “Líder Popular” que todos admiran. Es un trabajo agotador de 24 horas. Sé el “Líder de tu Vida”. Es mucho más divertido, tienes más vacaciones y paga mejores dividendos emocionales.

Cierre

Regla de Aura: El poder real es silencioso. Si tienes que decir “soy el rey” (o comportarte como tal para que lo noten), no lo eres. Si tienes que demostrar que eres mejor que ellos, es que en el fondo crees que no lo eres. Relájate. Ya has ganado.

Micro-reto (Vida Eterna - El Elogio Imposible) El reto final de generosidad: Busca a alguien con quien compitas, te lleves regular o te dé envidia. Encuentra algo en lo que sea bueno de verdad (su ropa, un deporte, una nota, su pelo). Díselo a la cara. “Oye, qué bien te sale X”. Dilo sin ironía. Mira cómo se desmonta su defensa. Y sobre todo, mira cómo desaparece tu propia envidia al verbalizarlo. Es mágico.