Miguel Ángel Ballesteros bio photo

Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

Email LinkedIn Github
RSS Feed

14 Enero: Silencio (Ayuno de Dopamina)

14 Enero: Silencio (Ayuno de Dopamina)

“Todos los problemas de la humanidad provienen de la incapacidad del hombre para sentarse en silencio en una habitación a solas.”Blaise Pascal

Foco: Ayuno de Dopamina.

Vienes de entrenar resistencia: dolor vs. sufrimiento, la milla extra, calma bajo fuego, debrief, repetición consciente, mantenimiento. Has visto que el cuerpo aguanta más de lo que tu mente cree. Y has visto algo aún más incómodo: muchas veces no fallas por falta de fuerza, fallas por falta de quietud.

La dopamina no es placer. Es deseo. Es el gesto automático de buscar novedad para no sentir lo que hay debajo: cansancio, aburrimiento, miedo, vacío, una tarea difícil, una emoción sin resolver. Tu cerebro no quiere sufrir ni un segundo de silencio sin recompensa, y por eso te empuja a “una cosa más”.

Si no puedes estar sin dosis, no eres disciplinado. Eres dependiente.

Hoy entrenas lo mismo que has entrenado con el muro y el frío, pero en su forma más moderna: quedarte quieto cuando tu sistema pide huir. Hoy no hay épica. Hay soberanía.

El ayuno es simple: durante cuatro horas, cero pantallas y cero entradas. Nada de música, nada de podcasts, nada de noticias. Móvil fuera de alcance. No lo dejes “por si acaso”. Fuera. Y si comes, que sea simple: comida real, sin azúcar ni ultraprocesados. No estás castigándote. Estás reseteando el circuito.

Lo importante no es “aguantar”. Lo importante es mirar el impulso cuando aparezca. Porque va a aparecer. La mano irá sola al bolsillo. La mente buscará una excusa (“solo miro un mensaje, es importante”). Ahí está la práctica: sentir el impulso en el cuerpo, exhalar largo, y esperar. Ver cómo sube y baja. Descubrir que no te mata. Descubrir que tú decides.

Cuando pase el bloque, no saltes al estímulo como un hambriento. Quédate un minuto más. Ese minuto es el entrenamiento real: demostrarle a tu cerebro que el mundo no se cae si tú no estás conectado.

Y nota la calidad de ese minuto: es más denso que una hora de consumo. Ahí se entrena la disciplina silenciosa, la que no se aplaude. El día que puedas sostener ese espacio sin resentimiento, tu fuerza deja de depender de la adrenalina.

Al final del día, escribe unas líneas. No para analizarte, sino para detectar el patrón: ¿qué estabas intentando evitar cuando buscabas dopamina? ¿Cuál fue el disparador? ¿Qué mantenimiento has descuidado esta semana? A veces tu “adicción” no es debilidad moral; es falta de sueño, falta de orden, falta de descanso verdadero.

Mañana vuelves al entrenamiento con el sistema un poco más limpio. Hoy mandas tú. No tu dopamina.