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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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21 Enero: Silencio (Contemplación)

21 Enero: Silencio (Contemplación)

“En el momento en que le pones nombre a un pájaro, dejas de ver al pájaro y empiezas a ver la palabra.”Jiddu Krishnamurti

Foco: Contemplación Activa.

Hay una diferencia entre mirar y ver. Mirar es escanear buscando utilidad o peligro. Ver es sostener la atención hasta que aparece el detalle.

Has trabajado el detalle: economía de movimiento, estándares personales, puntualidad, ventanas rotas, liderazgo en la adversidad, deber sobre deseo. Todo eso depende de una sola habilidad: ver lo pequeño antes de que sea grande.

La precisión nace aquí: en la calma que permite notar lo que siempre estuvo delante.

Hoy, en silencio, vas a practicar eso: ver. No para relajarte, sino para afinar puntería.

Elige un lugar donde tu disciplina se juega de verdad: tu escritorio, tu cocina, tu móvil, tu mochila, tu coche. No lo “ordenas” como un gesto estético. Lo observas como un inspector. En silencio. Sin prisa. Si tu mente se acelera, vuelve a mirar. Como si nunca hubieras visto ese espacio.

Vas a notar fricciones pequeñas que has normalizado: una cosa fuera de sitio que te hace perder tiempo cada día, una app que te roba atención, un objeto que está roto “desde hace semanas”, un hábito de dejar cosas a medias. Esas son las ventanas rotas. No te derriban hoy, te derriban por acumulación. La mayoría pierde por descuido, no por falta de talento.

Después de mirar, haz una sola corrección simple. Una. La mínima que te devuelva precisión. Quizá tirar una cosa. Quizá limpiar una superficie. Quizá apagar una notificación. Quizá preparar la ropa de mañana. No busques “hacer mucho”. Busca cortar una fuga. La disciplina no se sostiene con épica; se sostiene con mantenimiento.

Luego, ya sin el impulso de arreglar nada, siéntate con un objeto simple: una taza, una piedra, tu mano. Mira sin etiquetar. No es “taza”. Es forma. Es textura. Es luz. Es sombra. Cuando aparezcan palabras en tu cabeza, déjalas pasar y vuelve a lo real. Diez minutos. Solo eso. Entrenas el músculo que hace posible el estándar: la atención.

Al final, escribe una línea en tu cuaderno: el detalle más pequeño que viste y que siempre había estado ahí. Esa línea es una prueba de que la mente puede despertar. Y si puede despertar en una taza, puede despertar en tu vida.

Mañana, cuando te tiente la prisa, recuerda esto: lo grande se sostiene en lo pequeño. Si quieres excelencia, primero tienes que aprender a ver.