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Miguel Ángel Ballesteros

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25 Enero: Los Cimientos

25 Enero: Los Cimientos

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito.”Aristóteles (Atribuido)

Fuente/Tradición: Disciplina militar / Construcción de hábitos

La Historia: El campamento romano

El ejército romano tenía una obsesión: no confiar en la suerte.

Al final de una marcha, cuando los hombres estaban agotados y el cuerpo pedía descanso, el trabajo no terminaba. Antes de comer, antes de dormir, levantaban el campamento.

No un campamento “más o menos”. Un sistema.

Zanjas. Terraplén. Puestos. Orden.

El enemigo veía una cosa desde lejos: una ciudad que aparecía en una noche.

La tentación era obvia: “hoy no hace falta”. “Hoy estamos seguros”. “Hoy estamos cansados”.

Imagina la escena al anochecer. El suelo húmedo, los pies calientes dentro de sandalias gastadas, la espalda rígida por horas de marcha. El hambre muerde. Y aun así, el centurión no negocia.

No discute filosofía. Da órdenes simples. Señala con el bastón. Marca el perímetro. Cada soldado sabe lo que toca: cavar, levantar, ordenar.

Porque el campamento no es comodidad. Es un interruptor mental: “ya no somos un grupo cansado; somos una unidad preparada”.

Y cuando el enemigo intenta aprovecharse de tu cansancio —una emboscada nocturna, una lluvia que desordena, un rumor que asusta— el foso y el orden hacen su trabajo. No es heroísmo. Es prevención.

El centinela no necesita valentía épica. Necesita una señal clara: “si escuchas pasos, despiertas al puesto”. Y necesita que el perímetro exista. Si el perímetro está improvisado, la señal llega tarde. Si la zanja y la empalizada están hechas, el enemigo se frena, duda, pierde segundos. Segundos que te devuelven la vida.

Pero el romano entendía algo que tú también has comprobado: el peligro no avisa. La tormenta llega cuando estás débil, no cuando estás listo. Si esperas al momento perfecto para ser disciplinado, mueres con el arma descargada.

La fuerza real de Roma no era el genio de un día. Era la repetición de un sistema aburrido.

No construían el campamento porque esperaran un ataque esa noche. Lo construían porque querían que, si el ataque llegaba, la respuesta fuera automática.

La Lección: La base es lo que te salva cuando fallas

La disciplina no sirve para los días buenos. Para esos no la necesitas. La disciplina sirve para los días malos: cansancio, estrés, caos, dolor, distracción.

Cuando te crees “motivado”, haces cosas. Cuando estás roto, solo te queda el sistema.

Tu “campamento” es tu conjunto de hábitos mínimos: la hora de inicio, el entorno preparado, la tarea prioritaria, la regla de no negociar con lo esencial.

No necesitas diez hábitos. Necesitas uno que sea defensa y ataque: un hábito que, si se cumple, arrastra el resto.

Ese es tu “foso”.

Puede ser el entrenamiento mínimo. Puede ser escribir. Puede ser preparar el día la noche anterior.

Lo importante no es cuál elijas. Lo importante es que sea:

  • binario (se cumple o no),
  • visible (se puede comprobar),
  • barato (no depende de motivación),
  • arrastrante (mejora el resto).

Luego haces lo que haría Roma: preparas el terreno. Si tu hábito es entrenar, la ropa está lista y el plan es simple. Si tu hábito es escribir, el documento está abierto y el móvil fuera. Si tu hábito es ordenar, dejas el espacio listo para empezar sin negociar.

Cuando llegue la tormenta (porque llegará), no pensarás. Ejecutarás.

Ese es el objetivo real de la disciplina: reducir el número de decisiones. Convertir lo importante en automático.

Y para que sea automático, necesitas una versión de emergencia. Una regla que se cumpla incluso cuando el día se rompe. Ejemplos:

  • Si no puedes entrenar 60 minutos, entrenas 15. Sin discusión.
  • Si no puedes escribir 1000 palabras, escribes 200. Sin discusión.
  • Si no puedes ordenar toda la casa, ordenas la mesa. Sin discusión.

Ese mínimo es tu campamento cuando estás herido.

Haz un pre-mortem ahora: imagina la excusa que te derribará mañana. Nómbrala sin vergüenza: “cansancio”, “reunión”, “familia”, “ansiedad”, “móvil”. Luego escribe una respuesta operativa: “si pasa X, hago Y”. No moral. No épica. Procedimiento.

Eso es construir cimientos: no esperar a que el día sea amable. Prepararte para cuando sea hostil.

Reflexión Final:

  1. Rutina: ¿Tu mañana tiene una estructura visible o empieza en improvisación?
  2. Incomodidad: ¿Has entrenado el músculo de hacer lo necesario aunque no apetezca?
  3. Detalle: ¿Tu entorno está alineado con tu disciplina o te está saboteando?
  4. La Práctica de Hoy: Define tu “campamento mínimo” para mañana: una sola regla operativa (una) y la preparación física que la haga inevitable (ropa lista, móvil fuera, agenda bloqueada, espacio limpio).

La disciplina no es una emoción. Es una fortificación diaria. Hoy no busques sentirte listo: busca estar preparado. Mañana el mundo intentará romperte; tu campamento lo impedirá, sin pedirte permiso, todos los días.