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Miguel Ángel Ballesteros

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07 Febrero: Silencio (Ayuno de Palabras)

07 Febrero: Silencio (Ayuno de Palabras)

“Habla solo si mejora el silencio.”Mahatma Gandhi

Foco: Mouna (Voto de Silencio).

Hay un segundo en el que la boca quiere abrirse y todavía no lo ha hecho. La frase se arma sola. Si lo ves a tiempo, recuperas mando: eliges si vas a comunicar o a reaccionar. Ese segundo, casi invisible, es tu gimnasio de autocontrol.

Durante estos días has entrenado la pausa sagrada: el espacio entre estímulo y respuesta. Has visto que el autocontrol no es fuerza bruta, es un intervalo. En ese intervalo decides quién manda: tu impulso o tú. Hoy practicas el intervalo más revelador de todos: el que aparece antes de hablar, antes de defenderte, antes de querer “ganar” una conversación.

La mayoría habla como respira: sin darse cuenta. Habla para llenar el vacío, para corregir, para justificarse, para quejarse, para ganar estatus, para no sentir incomodidad. Y cada palabra innecesaria es una fuga: te dispersa.

En la tradición yóguica existe Mouna, el voto de silencio. No es teatro espiritual. Es disciplina concreta. Cuando no hablas, dejas de alimentar el ego con microvictorias (“tenía razón”, “he quedado bien”, “me han escuchado”). Y también dejas de anestesiarte con ruido. Por primera vez, escuchas de verdad: al otro y a ti. A veces no hablabas para comunicar, sino para regular tu emoción.

La práctica de hoy es simple: elige dos horas y guarda silencio absoluto. Si convives con alguien, avísalo con una frase limpia para no crear drama. Luego cierras la boca y observas. No “reprimes” con tensión. Observas el impulso como una ola. Va a aparecer, seguro. Querrás corregir a alguien. Querrás llenar un silencio incómodo con una broma. Querrás compartir una idea para sentirte vivo. Ese impulso es tu entrenamiento.

En vez de actuar, quédate dentro. Siente dónde aparece el impulso: en la garganta, en el pecho, en las manos. Haz la respiración de combate que entrenaste esta semana: una inhalación lenta que te devuelve al cuerpo, una exhalación más larga que suelta el agarre. Y deja que pase. Te vas a dar cuenta de algo incómodo: muchas de tus palabras no eran necesarias, eran urgentes. Y esa urgencia era dependencia.

Si aparece un conflicto interno, recuerda el “hombre libre” del que habló Epicteto: no es el que controla a los demás, sino el que no es arrastrado por lo que siente. Aquí lo ves en tiempo real. No estás callando para parecer fuerte; estás callando para no entregarle el mando al impulso. Incluso el “silencio táctico” deja de ser una técnica social y se convierte en una prueba personal: ¿puedes soportar no reaccionar?

Cuando terminen las dos horas, no vuelvas a hablar por rebote. Habla despacio. Con intención. Y nota el efecto: tus frases pesan más. No porque seas misterioso, sino porque has recuperado densidad. Hablas menos, pero dices más.

Hoy no estás “callado”. Estás afinando el arma del autocontrol. Mañana volverás a hablar, pero con una ventaja: ya sabes que no necesitas el ruido para existir.