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Miguel Ángel Ballesteros

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21 Febrero: Silencio (Ayuno de Estímulos)

21 Febrero: Silencio (Ayuno de Estímulos)

“El ayuno de la mente es más importante que el ayuno del cuerpo.”Proverbio Zen

Día del Vacío Fértil.

Apagas el móvil y, por un instante, te quedas sin muleta. No pasa nada, y sin embargo el cuerpo lo registra como si faltara algo: un pequeño vacío en la mano, una inquietud en el pecho, una urgencia absurda por “mirar”. Ese impulso es la verdadera historia del deseo: no lo que quieres, sino lo que evitas sentir cuando no hay estímulo.

En esta parte del mes has observado la mecánica del deseo: la promesa dulce que te mueve, la dopamina que te empuja, la tentación que aparece justo cuando estás cansado. Has visto cómo el confort puede convertirse en una jaula elegante. Y has entendido la trampa más moderna: no necesitas un enemigo para perder la batalla; te basta con un flujo infinito de estímulos.

El silencio de hoy no es solo callar. Es limpiar el campo de batalla. Es quitarle a tu mente el buffet de distracciones para ver qué pasa cuando no hay “algo más” al que agarrarse. Lo que aparece al principio suele ser inquietud: un picor en las manos, una urgencia por revisar, una sensación de estar perdiendo el tiempo. Ese malestar es información. Ahí vive tu dependencia. Si lo sostienes, recuperas algo que el deseo te robaba: dirección.

Hoy haces un ayuno de estímulos durante un bloque largo, el más largo que puedas sostener con dignidad. Apaga el móvil y sepáralo de tu cuerpo como si fuera una tentación física. Si necesitas trabajar, mantén lo esencial y corta lo accesorio: nada de ventanas abiertas “por si acaso”, nada de ruido de fondo que te acompañe como muleta. No conviertas el silencio en una productividad heroica; conviértelo en presencia.

Durante ese bloque, elige actividades que no te devuelvan dopamina rápida. Camina sin auriculares y deja que el mundo entre sin espectáculo: el aire, el sonido del tráfico, el ritmo de tus pasos. Come simple, sin premio. Si surge hambre, recuerda lo que aprendiste: el hambre también aclara. Si surge ansiedad, recuerda a Ulises: no se trataba de ser “fuerte” frente al canto, sino de diseñar el entorno para no caer. Hoy tu mástil es el cajón donde guardas el dispositivo.

En algún momento vas a cruzar una frontera. Primero llega el aburrimiento, luego una especie de silencio más profundo que no es vacío, es espacio. Ahí la mente deja de pedir y empieza a mostrar. Aparecen pensamientos que tenías congelados, pequeñas decisiones postergadas, emociones que el ruido tapaba. No las arregles hoy. Solo míralas sin correr, como se mira un paisaje cuando por fin deja de llover.

Termina el día con un gesto sobrio: escribe unas líneas sobre cuál fue tu tentación principal y qué estaba intentando evitar. No para juzgarte, sino para recuperar el control. Hoy no te “prohibiste” nada. Hoy te devolviste la libertad de elegir.