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Miguel Ángel Ballesteros

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20 Marzo: La Sala sin Aduladores

20 Marzo: La Sala sin Aduladores

“La mayor enemiga de la verdad no es la mentira, sino la ilusión.”Daniel J. Boorstin

Fuente/Tradición: Liderazgo / Antídoto al autoengaño

La Historia: Kennedy aprende a escuchar lo incómodo

Hay un patrón que se repite en empresas, familias y gobiernos: la gente inteligente toma decisiones estúpidas cuando nadie se atreve a decir la verdad.

A John F. Kennedy le ocurrió. Su administración empezó con un golpe: la invasión de Bahía de Cochinos. Un plan apoyado por “expertos”. Un plan aprobado en salas llenas de hombres brillantes.

Y fue un desastre.

Después, Kennedy se hizo una pregunta que casi nadie se hace tras fracasar:

¿Qué parte del error fue mi percepción?

No “qué salió mal”, sino “qué no quise ver”.

Vio el veneno: en la sala había unanimidad superficial. No porque todos pensaran igual, sino porque el entorno castigaba la discrepancia. Nadie quería ser el aguafiestas. Nadie quería ser el que “no entiende”. Nadie quería enfrentarse al ego del grupo.

Eso tiene un nombre: pensamiento de grupo.

Y es uno de los mayores enemigos de la percepción clara.

Cuando llegó la crisis de los misiles en Cuba, Kennedy tomó medidas distintas. Creó un equipo que discutía de verdad. Separó reuniones. Pidió alternativas. Hizo que alguien hiciera de abogado del diablo. Dejó que se dijeran cosas incómodas.

No fue un gesto simbólico. Fue ingeniería social.

Hizo algo simple: evitó que la primera voz fuese la más influyente. Si el jefe opina primero, el resto se convierte en eco. Así que escuchó antes de dictar.

Y cuando notaba que el grupo se alineaba demasiado rápido, rompía el consenso. Pedía una opción opuesta. Pedía riesgos. Pedía costes. Pedía que alguien atacara el plan como si fuese el enemigo.

Esa es una disciplina rara: crear un entorno donde la verdad tiene permiso.

Porque la verdad, cuando aparece, casi siempre suena a “incómodo”. Suena a “quizá estamos equivocados”. Suena a “no hemos medido esto”. Suena a “esto es deseo disfrazado”.

No buscaba comodidad. Buscaba claridad.

Porque cuando te juegas el futuro, lo que mata no es la falta de información. Es la información que nadie se atreve a mostrar.

El resultado fue imperfecto, pero evitó una guerra total.

No por genialidad mística. Por método.

La Lección: Si nadie te contradice, estás ciego

Tu mente odia dos cosas: quedar mal y sentir incertidumbre.

Por eso selecciona datos.

Por eso busca confirmación.

Por eso construye narrativas bonitas.

El autoengaño no llega como “mentira”. Llega como consenso interno.

“Seguro que es por esto.”

“Ya lo sé.”

“No hace falta mirarlo.”

Y si nadie te contradice —nadie fuera, nadie dentro— tu percepción se vuelve una burbuja.

Señales de pensamiento de grupo:

  • Necesitas cerrar el tema rápido.
  • Desprecias la duda (“es obvio”).
  • Castigas al que pregunta.
  • Te enamoras del plan más elegante.
  • Confundes confianza con evidencia.

El guerrero crea fricción deliberada.

No para complicarse. Para ver.

La claridad no aparece cuando todos dicen que sí. Aparece cuando alguien se atreve a decir:

“Creo que te estás equivocando.”

Pero como no siempre tendrás a esa persona, tienes que construir una sala sin aduladores dentro de ti.

Eso significa entrenar una habilidad rara: amar el dato que te contradice.

No por masoquismo. Por supervivencia.

Porque un dato que te contradice hoy te evita un desastre mañana.

Si hoy te cuesta, empieza pequeño: elige un tema donde no te juegues el ego (salud, agenda, dinero) y practica ahí. Cada vez que aceptas un dato incómodo sin defenderte, entrenas el músculo. Luego lo podrás usar en conversaciones difíciles, decisiones grandes y momentos de presión.

La Práctica de Hoy: Tu “equipo rojo” personal

  1. Elige una decisión o problema activo.
  2. Escribe tu plan actual en 3 frases.
  3. Ahora escribe la pregunta que tu ego no quiere escuchar: “¿Y si estoy equivocado?”
  4. Genera 3 explicaciones alternativas. Oblígate.
    • “Quizá no es falta de tiempo; es falta de prioridad.”
    • “Quizá no es la otra persona; es mi tono.”
    • “Quizá no es el mercado; es que no entrego valor.”
  5. Pide feedback a una persona que no te adore. Una. Haz una pregunta concreta.
  6. Decide una corrección pequeña basada en evidencia, no en orgullo.

Extra (si quieres precisión): haz un pre-mortem. Asume que tu plan fracasó y escribe 5 razones posibles. Luego neutraliza una hoy.

Regla operativa: si tu plan no sobrevive a una crítica honesta, no es un plan. Es un deseo.

Reflexión Final:

  1. ¿Dónde estás rodeado de “síes” y lo estás confundiendo con razón?
  2. ¿Qué dato estás evitando porque te quitaría una excusa?
  3. La práctica de hoy: crea una fricción. Pide una crítica específica o haz de abogado del diablo contra tu propia idea. La verdad no siempre es cómoda, pero siempre es útil.