21 Marzo: Silencio (Último Suspiro)
21 Marzo: Silencio (Último Suspiro)
“Medita sobre la muerte hasta que la ames.” — Filosofía Sufí
Día del Vacío Fértil.
Imagina que te quedan cinco minutos. No como escena dramática, sino como hecho. Se acaba el teatro: no hay likes, no hay reputación, no hay “cuando tenga tiempo”. Solo queda lo importante y lo que estabas evitando.
Has tocado la verdad incómoda. Has mirado la muerte como herramienta, la mentira como prisión, la ignorancia disfrazada de opinión, el autoengaño como hábito. Has aprendido a desmontar ideas hasta sus ladrillos y a buscar una sala sin aduladores. Hoy el silencio no es descanso: es un espejo.
Hay una lucidez que no llega con más información. Llega cuando recuerdas que el tiempo no es infinito. No para hundirte, sino para ordenar. La muerte no es un tema macabro; es el gran filtro. De repente, lo esencial se vuelve obvio y lo accesorio se cae solo.
Busca un lugar donde puedas estar solo. Túmbate boca arriba o siéntate con la espalda apoyada. Cierra los ojos. Respira un poco más lento de lo normal, como si estuvieras bajando el volumen del mundo. Haz una visualización simple y brutal. No lo conviertas en drama cinematográfico. Conviértelo en certeza silenciosa. Observa qué aparece cuando se acaban las excusas.
En ese escenario final, lo que no importa se revela rápido. Verás qué parte de tu vida era ruido, qué parte era teatro, qué parte era miedo vestido de prudencia. También verás tus límites reales: tu círculo de competencia. Hay cosas que no sabes, que no controlas, que no puedes forzar. Aceptarlo no te debilita; te vuelve exacto. Y esa exactitud corta una gran fuente de sufrimiento: intentar jugar a ser omnipotente.
La mente intentará protegerte con ruido. Te traerá listas, distracciones, planes para mañana. Déjala pasar. Vuelve al cuerpo. Siente el peso de tu vida en el pecho. Pregúntate, sin prisa, qué conversación estás evitando por orgullo, qué decisión estás aplazando por miedo, qué mentira pequeña repites para no cambiar. No respondas con discursos. Responde con sensación: dónde aprieta, dónde arde, dónde duele.
Quédate un minuto en ese vacío. No como castigo, sino como honestidad. Y después respira hondo, como quien vuelve de un lugar serio. Abre los ojos y mira tu día como si fuera un recurso escaso. Elige una sola acción que ese “tú del final” habría suplicado hacer hoy: decir una verdad, pedir perdón, poner un límite, empezar el primer paso de algo que de verdad importa.
Si aparece rabia o juicio hacia otros, recuerda la navaja de Hanlon: muchas veces lo que te hiere no es maldad, es torpeza, ignorancia, caos humano. Ver eso no excusa, pero desactiva el veneno. Y si aparece una idea complicada, vuelve a primeros principios: ¿qué es lo que realmente está pasando, en lo concreto, sin adornos?
La percepción se afila cuando dejas de vivir como si fueras inmortal. Hoy el silencio te devuelve la urgencia correcta: la de vivir sin mentiras.