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Miguel Ángel Ballesteros

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14 Abril: Silencio (Quietud en Movimiento)

14 Abril: Silencio (Quietud en Movimiento)

“El movimiento vence al frío. La quietud vence al calor.”Tao Te King

Foco: El Ojo del Huracán.

Has entrenado la velocidad como arma: el ciclo OODA, el golpe rápido, la iteración, la carga ligera, el norte que da dirección. Pero la velocidad sin centro se convierte en ansiedad. El cuerpo se mueve, sí, pero la mente se queda corriendo detrás, empujando, exigiendo. Y ahí empiezan los errores: decisiones precipitadas, palabras de más, agotamiento.

El Ojo del Huracán es una imagen exacta. En el borde está el caos: tareas, urgencias, presión, reacción. En el centro hay quietud. No es calma de sofá; es calma operativa. La única forma de ir rápido sin romperte es construir ese centro.

Hoy entrenas la quietud dentro del movimiento. Busca un espacio donde puedas caminar sin interrupciones. Empieza a andar tan lento como te sea posible sin perder el equilibrio. No lo conviertas en una rareza mística. Conviértelo en un laboratorio: cada paso es una decisión. Siente el talón, el peso que pasa al pie, la rodilla que cede, el aire en la cara. Tu mente va a protestar. Te dirá que esto es inútil, que estás perdiendo tiempo, que podrías “aprovechar” para pensar. Esa protesta es el síntoma.

Cada vez que aparezca la prisa mental, no la castigues. Simplemente vuelve al paso. Deja que la mente se sincronice con el cuerpo. Notarás algo extraño: cuando la atención se instala en el gesto, el ruido pierde volumen. Y cuando el ruido baja, la percepción sube. Ves mejor. Decides mejor.

Esto es OODA por dentro. Primero observas la prisa, luego te orientas hacia el cuerpo, decides volver al paso y actúas. Un ciclo. Otro ciclo. Así, entrenas velocidad con lucidez en vez de velocidad con pánico. La sorpresa no viene de correr como un loco; viene de moverte sin fricción interna.

Esta práctica tiene una transferencia directa a tu vida real: podrás entrar en una reunión sin llevar el huracán dentro, podrás ejecutar rápido sin atropellarte, podrás responder sin disparar. No se trata de ir lento siempre. Se trata de poder elegir el ritmo, en vez de ser arrastrado por él.

Termina la caminata con un minuto quieto, de pie, como si estuvieras en el centro exacto de la tormenta. Guarda esa sensación. Mañana volverás a la velocidad, pero con un ancla. Ese ancla es el Ojo.

Cuando notes que el mundo acelera, vuelve aquí, aunque sea un paso consciente.