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Miguel Ángel Ballesteros

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07 Mayo: Silencio (Escaneo Corporal)

07 Mayo: Silencio (Escaneo Corporal)

“Aprende a estar en silencio. Deja que tu mente tranquila escuche y absorba.”Pitágoras

Día del Vacío Fértil.

Esta semana tu cuerpo ha sido un templo de acero. Ha corrido, ha aguantado, ha absorbido golpes, ha tirado de ti cuando la mente quería negociar. Y, como todo metal sometido a presión, acumula tensión. Si no la sueltas, te vuelves rígido. Y lo rígido se rompe.

Hoy el silencio es escuchar al cuerpo sin prisa, sin heroicidad. No para mimarte, sino para calibrarte. La resistencia real no es dureza infinita; es elasticidad, reparación, capacidad de volver a la línea de salida sin estar roto por dentro.

Piensa en los ejemplos de estos días: el que acelera cuando no puede más, la guerrera que resiste en campo abierto, el boxeador que absorbe sin perder cabeza, la madre espartana que no negocia el estándar, el corredor que siguió con una pierna y un corazón intacto. Todo eso inspira, pero también puede empujarte a ignorar señales. El guerrero que no escucha su cuerpo termina escuchándolo a gritos.

Túmbate en el suelo, boca arriba, con los brazos a los lados. Cierra los ojos y respira profundo tres veces. Siente el peso caer, como si el suelo te diera permiso para dejar de sostener. Luego lleva la atención a los pies. No busques nada extraordinario. Solo nota. Un hormigueo, un calor, una tensión pequeña. Desde ahí, sube despacio por el cuerpo como quien revisa una armadura después de la batalla: tobillos, pantorrillas, rodillas, muslos. En cada zona, suelta un poco. No “hagas” relajación; permite que ocurra.

Cuando llegues al abdomen y al pecho, observa la respiración sin corregirla. Nota si hay apretura. Si la hay, no la insultes. Exhala largo y dale espacio. Luego ve a los hombros, donde se acumula el mundo, y deja que caigan un centímetro más. Afloja la mandíbula. Separa los dientes. Suelta el entrecejo. A veces lo más duro de soltar es la cara, porque ahí vive el personaje.

Quédate unos minutos en esa quietud. Y, antes de levantarte, agradece al cuerpo con una frase interna simple: “Gracias por sostenerme. Hoy descansas.” No es misticismo; es respeto. El guerrero que no escucha su cuerpo termina traicionado por él.

Cuando acabes, no saltes directo al ruido. Quédate un minuto más tumbado y siente el cuerpo completo, como un mapa. Nota qué zona pide cuidado, qué zona está cansada, qué zona está rígida por estrés y no por esfuerzo. Esa lectura te ahorra semanas de lesión y meses de frustración. La resistencia inteligente se construye así: escuchando a tiempo.

Mañana vuelves al entrenamiento, pero hoy haces algo igual de importante: reparas. Eso también es resistencia.