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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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14 Mayo: Silencio (Lago en Calma)

14 Mayo: Silencio (Lago en Calma)

“La mente tranquila es la mejor arma contra los desafíos.”Bryant McGill

Día del Vacío Fértil.

La resistencia mental necesita un sistema de refrigeración. Si tu voluntad vive siempre en la zona roja, un día se funde. Por fuera lo llamas “estrés”, pero por dentro es simple: una mente que no tiene dónde bajar la guardia.

Has visto ejemplos de fortaleza: dignidad en prisión, lucidez en un cuerpo limitado, belleza nacida del dolor, supervivencia cuando no hay salida. Pero detrás de esa dureza había un refugio interno. Un lugar donde la mente podía descansar sin rendirse. Hoy construyes ese lugar.

Tu vida no tiene rejas de hierro, pero tiene otras. Un calendario lleno, una autoexigencia que no descansa, una necesidad de hacerlo todo perfecto para sentirte válido. Ese tipo de prisión es más peligrosa porque parece normal. Hoy, en silencio, abres una puerta.

Siéntate con la espalda recta y los hombros sueltos. Cierra los ojos. Imagina un lago de montaña al amanecer. No lo imagines como postal perfecta; imagínalo como sensación: aire limpio, frío suave, quietud. Ese lago es tu mente cuando no está agitada por la urgencia.

Ahora deja que aparezcan pensamientos como aparecen siempre. No los llames “malos”. No intentes empujarlos fuera. Imagina que cada pensamiento es una hoja seca que cae sobre la superficie del agua. La hoja toca, hace ondas, flota. Tú solo miras. Ni te subes a la hoja, ni la hundes, ni la persigues. Observas cómo se aleja y cómo el agua, por sí sola, vuelve a estar quieta.

En esta práctica, tu trabajo es la paciencia. La mente querrá controlar la escena, “hacerlo bien”, limpiar el lago a golpes. No. Deja que la calma sea un proceso natural. Cada vez que te descubras tenso, suelta la mandíbula, exhala largo y regresa a la imagen. Lo que estás entrenando no es imaginación; es estabilidad.

Quédate ahí diez o quince minutos. Y al terminar, abre los ojos con una conclusión silenciosa: hoy no has resuelto tus problemas, pero has recuperado tu centro. Mañana, cuando llegue el desafío, tendrás un lugar interno desde el que resistir sin quemarte.

Si hoy te sorprendes pensando “esto no sirve”, sonríe. Esa es la voz de la urgencia. La urgencia quiere acción porque tiene miedo a parar. El guerrero, en cambio, sabe parar para poder durar. Lo que estás entrenando es una mente que puede sostener dolor sin añadir sufrimiento, esfuerzo sin añadir drama. Y esa diferencia, a largo plazo, es invencible.