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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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21 Mayo: Silencio (Bajo el Cielo)

21 Mayo: Silencio (Bajo el Cielo)

“La oración no es pedir. Es un anhelo del alma.”Mahatma Gandhi

Día del Vacío Fértil.

El espíritu también se fatiga. No solo por dolor físico o presión mental, sino por pérdida de sentido. Cuando estás en la trinchera, luchando batallas diarias, es fácil encogerte. El mundo se reduce al problema del día, a la discusión, al miedo. Y entonces incluso la resistencia se vuelve amarga.

Has entrenado esperanza y fe. No como optimismo ingenuo, sino como esa parte de ti que puede sostener una causa cuando el entorno es hostil. Has visto que hay gente que resistió sin volverse odio. Eso no era magia: era conexión. Algo dentro que miraba más allá del momento.

La Paradoja de Stockdale lo resume: fe inquebrantable en el final, realismo brutal en el presente. La fe no es negar la dificultad; es no perder el rumbo. Y el rumbo se alimenta en silencio, cuando nadie aplaude, cuando no hay recompensa inmediata.

Hoy, en silencio, alimentas esa conexión. Sal al exterior y busca cielo. De día, nubes y luz. De noche, estrellas o, si no se ven, al menos oscuridad abierta. Siéntate o túmbate cómodo y mira hacia arriba. No conviertas esto en astronomía. No etiquetes. Solo mira como quien bebe agua después de caminar mucho.

Deja que la inmensidad haga su trabajo. Ese cielo estaba ahí antes de tu nombre y estará ahí después. Ha visto imperios, caídas, guerras, nacimientos. Y, sin embargo, cada persona que respiró bajo él sintió que su problema era el centro del universo. Notar eso no hace tus problemas falsos; los pone en su lugar. Te devuelve escala.

Mientras miras, repite por dentro una frase simple, como un mantra sin teatro: “Estoy aquí. Respiro. Sigo.” Deja que la frase se mezcle con la respiración, como una cuerda que te sostiene. No le pidas nada al cielo. Solo ofrece gratitud por estar vivo y consciente hoy. Esa gratitud no es sentimentalismo; es combustible limpio.

Si te nace, añade una intención silenciosa, sin grandilocuencia: “Que mi fuerza sirva.” La causa sagrada no siempre es salvar el mundo; a veces es sostener bien a tu familia, cuidar tu salud, no traicionar tu palabra. Hoy, en quietud, recuerdas para qué resistes.

Cuando vuelvas a tu día, lleva contigo una decisión silenciosa: resistir sin perder el alma. Esa es la forma más alta de aguante.

Y cuando sientas que flaqueas, vuelve a mirar arriba: la escala te devuelve el rumbo.