07 Agosto: Silencio (Trono Interior)
07 Agosto: Silencio (Trono Interior)
“El silencio es el sueño que nutre la sabiduría.” — Francis Bacon
Día del Vacío Fértil.
Has hablado de soberanía. No como frase motivacional, sino como una realidad: nadie puede gobernarte por dentro sin tu consentimiento. Has visto la ciudadela interior, la última libertad de elegir actitud, el guion que escribes con tus decisiones, la defensa de tu tiempo como si fuera territorio. Hoy el silencio es sentarte en el centro de mando.
Busca una silla y siéntate con la espalda recta, sin rigidez. Pies apoyados. Manos en las rodillas. Hazlo con dignidad, como si tu postura fuera un juramento. Cierra los ojos y visualiza una sala amplia dentro de tu mente. No una fantasía decorativa, sino un espacio de autoridad. En el centro hay un trono de piedra, sencillo e indestructible. Siéntate ahí.
Desde ese trono, mira lo que entra. Pensamientos de preocupación, de prisa, de culpa. Emociones que quieren arrastrarte. Observa como observaría un rey sobrio: llega un mensajero, deja un informe y se va. Tú escuchas, pero no te levantas. No corres detrás del mensaje. Ese gesto es libertad. Porque la mayoría vive como sirviente de lo que piensa y siente.
Ancla la práctica en lo físico. Siente el peso del cuerpo en la silla. Siente la gravedad tirando hacia abajo. Respira despacio. Cada vez que notes que te has levantado del trono, que te has ido con un pensamiento, vuelve con calma. No te insultes. Regresa. Ese regreso es el entrenamiento.
Quédate así diez o quince minutos. Luego abre los ojos y mantén la sensación de estar “sentado atrás”, un poco más amplio por dentro. No significa volverte frío. Significa no ser arrastrado. Que el mundo venga a ti sin que tú corras detrás del mundo.
Durante el día, ponlo en práctica en momentos pequeños. Cuando aparezca una urgencia, no te levantes del trono por reflejo. Respira una vez y decide. Cuando alguien te provoque, no te levantes del trono para pelear; responde desde ahí. Cuando el móvil te llame, recuerda a Séneca y a tu tiempo como territorio: tú eliges a qué le das el trono, porque todo lo que recibe tu atención te gobierna.
La soberanía no es una emoción. Es un hábito. Se construye en estos instantes donde podrías ceder y no cedes. Frankl lo llamaría tu última libertad: la pausa antes de la reacción. Sartre diría que ahí escribes tu guion. Hoy entrenas esa pausa con el cuerpo, para que mañana exista incluso bajo presión.
Hoy no hiciste nada espectacular. Hiciste algo más valioso: reclamaste el trono interior. Y un hombre que gobierna su mente ya ha ganado la mitad de su libertad.