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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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21 Agosto: Silencio (Escucha Radical)

21 Agosto: Silencio (Escucha Radical)

“Tenemos dos orejas y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos.”Epicteto

Día del Vacío Fértil.

Has entrenado influencia y persuasión. Has visto que la palabra tiene peso, pero que la palabra sin escucha es teatro. La escucha activa es poder. La empatía táctica no es debilidad; es lectura fina del otro. Hoy el silencio lleva esa lección un paso más atrás: antes de escuchar a las personas, aprende a escuchar la realidad sin narrarla.

Busca un lugar con sonido ambiente. Puede ser un parque, una cafetería, una calle tranquila, o simplemente una ventana abierta. Siéntate y cierra los ojos. Imagina que eres un micrófono: no un juez, no un comentarista, no un opinador. Un micrófono registra.

Escucha sin etiquetar. Un coche no es “molesto”; es vibración y tono. Una voz no es “agradable” o “ridícula”; es ritmo, volumen, energía. El viento no es “bonito”; es movimiento. Incluso tus tripas son parte del concierto. Deja que los sonidos te atraviesen y vuelvan al silencio del que nacen, como olas.

Observa lo que te cuesta de esta práctica. Te costará no opinar. Te costará no convertir cada estímulo en historia. Eso es ego: necesidad de poner tu sello sobre todo. En el silencio, sueltas el sello y la realidad se vuelve más rica. Y cuando la realidad se vuelve rica, tú te vuelves más preciso.

Quédate así diez minutos. Luego abre los ojos y lleva esa escucha a una conversación real. No intentes brillar. No intentes ganar. Escucha el subtexto: la emoción, la intención, el miedo. Ahí vive la persuasión verdadera. Carnegie lo entendía: a la gente le importa sentirse vista. Y para ver, hay que callar.

Esta escucha también afina tu persuasión. Cuando no estás ocupado defendiendo tu imagen, puedes elegir mejor tus palabras. Puedes usar ethos sin impostura, pathos sin manipulación, logos sin dureza. Puedes practicar reciprocidad real: dar atención antes de pedir atención. Incluso puedes detectar el mito que la otra persona está viviendo, el relato en el que se ve a sí misma, y hablarle a ese nivel sin aplastarla con datos.

Durante el resto del día, prueba un gesto simple: habla un poco menos de lo que hablarías. Deja que haya silencios sin llenarlos. No como técnica, sino como respeto. En esos huecos, el otro se muestra. Y cuando el otro se muestra, tú eres libre de elegir cómo influir: con verdad.

Hoy entrenaste libertad de opinión. No porque no tengas criterio, sino porque tu criterio vale más cuando no sale por reflejo.