21 Septiembre: Silencio (Ojo del Huracán)
21 Septiembre: Silencio (Ojo del Huracán)
“En medio del movimiento y el caos, mantén la quietud dentro de ti.” — Deepak Chopra
Día del Vacío Fértil.
Has mirado el caos como combustible. Has visto hormesis, dosis que te forjan, fuego que ama el viento, crecimiento post-traumático, cisnes negros. Has entendido que el objetivo no es una vida sin tormentas, sino una vida que se fortalece con ellas. Pero eso no significa vivir en tensión constante. La antifragilidad necesita un centro.
El Ojo del Huracán es ese centro. No es negar el viento, es no confundir el viento con tu identidad. La vida gira: tareas, facturas, noticias, discusiones. Si intentas parar el viento, te rompe. Si te dejas arrastrar, te disuelves. La tercera opción es sostener un eje.
Siéntate en silencio y cierra los ojos. Imagina tu vida como un torbellino alrededor: cosas que pasan, voces que llaman, urgencias que quieren tu atención. No intentes resolverlas ahora. Solo míralas girar. Luego lleva la atención al cuerpo, al centro del pecho, al aire entrando y saliendo. Ahí no hay viento. Ahí hay un punto quieto.
Quédate en ese punto diez o quince minutos. Cada vez que el torbellino te chupe hacia una historia, vuelve a la respiración. No con fuerza, con constancia. Estás entrenando el músculo más útil para la antifragilidad: la capacidad de estar en la tormenta sin volverte tormenta.
Desde ese centro, el caos se vuelve información. Puedes elegir tu dosis. Puedes exponerte a dificultad para crecer, como el herrero expone el metal al fuego, pero también puedes parar antes de quebrarte. Esa sabiduría es la diferencia entre fortaleza y desgaste.
Recuerda a los cisnes negros: lo improbable llega. La pregunta no es si te sorprenderá, sino cómo te encontrará. Si te encuentra sin eje, te arrastra. Si te encuentra con centro, te despierta y te mejora. La hormesis funciona así: dificultad en dosis correctas, con recuperación. El ojo del huracán es tu recuperación.
Nietzsche lo dijo sin anestesia: lo que no te mata puede hacerte más fuerte, pero solo si no te quedas roto por dentro. El crecimiento post-traumático no ocurre en el mismo segundo del golpe; ocurre cuando hay espacio para integrar, cuando hay sentido, cuando hay un centro desde el que reconstruir. Este silencio es ese espacio.
Cuando abras los ojos, decide una cosa: cuál es la próxima “dosis” de dificultad que te forjará y cuál es el ruido que solo te erosiona. Hoy, en silencio, recuperas el eje para surfear el caos sin perderte.