07 Octubre: Silencio (Ayuno de Opinión)
07 Octubre: Silencio (Ayuno de Opinión)
“No tienes por qué convertir esto en algo. No tienes por qué tener una opinión. No tienes por qué dejar que esto perturbe tu mente.” — Marco Aurelio, Meditaciones
Día del Vacío Fértil.
Has visto el rostro del ego: fantasía, orgullo, victoria pasada convertida en enfermedad, ira cuando la realidad no se dobla, teatro de hablar en vez de hacer, tiranía de la imagen. El ego no solo quiere ganar; quiere comentar. Quiere tener una opinión sobre todo, porque cada juicio es una forma de sentirse por encima.
Piensa en Jerjes azotando el mar porque el mar no obedecía. Piensa en Hughes construyendo un mundo de fantasía hasta aislarse. Piensa en Napoleón creyendo que el éxito pasado garantizaba el siguiente paso. El ego se rompe siempre contra lo mismo: la realidad. Y, cuando no puede controlarla, la critica, la ridiculiza o la convierte en enemigo. La opinión es su forma barata de poder.
El ego odia el silencio neutral. Si no opina, siente que no existe. Por eso convierte cualquier estímulo en narrativa: “qué desastre”, “qué imbécil”, “yo lo haría mejor”, “mira qué bien lo hice”. Esa narración constante no es inteligencia; es necesidad de validación. Te roba tiempo, energía y paz.
Hoy practicas un ayuno de opinión. No como prohibición rígida, sino como limpieza. Durante el día, cuando aparezca el impulso de comentar algo que no te compete directamente, detente un instante. Respira una vez y observa el hecho sin etiqueta. Deja que el clima sea clima. Que el tráfico sea tráfico. Que la noticia sea noticia. Que la torpeza ajena sea torpeza ajena. No estás renunciando a tu criterio; estás renunciando al reflejo.
Esto incluye el mundo digital. Hoy, sé un fantasma. No para parecer superior, sino para notar cuánto del impulso de comentar era hambre de existir en la mirada de otros. Observa ese hambre con curiosidad, como un médico que hace una radiografía: ahí está el síntoma. El “vampiro del tiempo” se alimenta de palabras que no cambian nada.
Si hoy te equivocas y opinas, no lo dramatices. Solo date cuenta de qué estabas intentando conseguir: sentirte más listo, sentirte más seguro, sentirte más visto. Ese autoengaño es el punto exacto que estás entrenando. La disciplina no es perfección; es volver.
Verás algo raro si lo sostienes. Aparece espacio. Y en ese espacio, empieza a emerger lo que sí importa: tu trabajo real, tu vida real, tus decisiones reales. La opinión innecesaria es ruido. La atención recuperada es libertad.
Hoy no te has vuelto indiferente. Te has vuelto sobrio. Y hay una paz inmensa al otro lado de no tener que tener razón sobre todo.