Miguel Ángel Ballesteros bio photo

Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

Email LinkedIn Github
RSS Feed

21 Octubre: Silencio (Trabajo Manual)

21 Octubre: Silencio (Trabajo Manual)

“Las manos son los instrumentos de la inteligencia humana.”María Montessori

Día del Vacío Fértil.

Has entrenado el trabajo real: hacer tu trabajo, crear sin aplauso, liderar sin protagonismo, no engañarte a ti mismo, barrer el dojo, cuidar el oficio. El ego odia ese tipo de vida porque no tiene escenario. Prefiere hablar de lo que hará, fantasear con reconocimiento, construir una identidad sobre palabras.

Las manos, en cambio, viven en el presente. La materia no negocia. Una mesa mal lijada se nota. Una habitación sucia no se limpia con discurso. Es difícil sostener una narrativa grandiosa sobre ti mismo mientras friegas un suelo de rodillas. Por eso el trabajo manual es un ancla de realidad.

Hoy el silencio se hace con manos sucias. Elige una tarea física y repetitiva y hazla durante un buen rato. Puede ser limpiar a fondo un espacio, cocinar desde cero, reparar algo roto, arrancar malas hierbas, lavar el coche a mano. Hazlo sin música, sin podcasts, sin distracciones. Deja que el esfuerzo sea el sonido.

Mientras trabajas, siente la textura de los materiales, el cansancio en los músculos, el ritmo de la respiración. Observa cómo la mente intenta escapar hacia planes y fantasías. Tráela de vuelta con suavidad, como un monje que vuelve al gesto. Aquí no hay épica. Hay dignidad.

Piensa en el novicio barriendo el dojo. Nadie lo aplaude. Nadie le pone una medalla por hacerlo bien. Y, sin embargo, ahí se forja el carácter. También piensa en Feynman y su integridad: no mentirse, no adornar, no vender humo. El trabajo manual te devuelve esa integridad porque te enfrenta a un resultado real. O está limpio o no lo está. O está hecho o no lo está.

En algún momento notarás un alivio: el ego se queda sin alimento. No porque lo hayas atacado, sino porque no tiene dónde actuar. Queda la tarea, el cuerpo, el ahora. Y esa simpleza limpia la mente mejor que muchas frases.

Si hoy puedes, alarga el bloque hasta una hora. No para sufrir, sino para cruzar el umbral. Los primeros minutos son resistencia. Luego llega el ritmo. Y en el ritmo aparece algo que el ego detesta: anonimato. Estás haciendo lo que toca sin que nadie lo sepa. Eso es “haz tu trabajo” en forma pura.

Termina mirando el resultado, aunque sea pequeño. No lo subas a ninguna parte. No lo uses para impresionar. Siente la satisfacción muda de haber hecho trabajo real. El sudor, cuando es honesto, disuelve el ego.