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Miguel Ángel Ballesteros

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31 Octubre: Silencio (Contemplación de la Calavera)

31 Octubre: Silencio (Contemplación de la Calavera)

“Todos somos polvo y sombras.”Horacio

Día del Vacío Fértil. Último silencio del mes.

Este mes has peleado contra el ego: la máscara, el teatro, la necesidad de ser visto, la arrogancia que nace del éxito, el derrumbe que nace del fracaso. Has practicado humildad, oficio, silencio. Hoy, para cerrar, usas el antídoto final: recordar la muerte sin melodrama.

En el arte barroco, las Vanitas ponían una calavera junto a joyas, flores y libros. El mensaje era cruel y liberador: todo pasa. Todo lo que hoy te obsesiona se disuelve. La imagen, la ropa, la jerarquía, la fama, el miedo a quedar mal. Todo acaba en polvo y sombras.

Eso no convierte la vida en inútil. La convierte en urgente de la forma correcta. Lo que vale no es lo que brilla, sino lo que permanece en otros: el servicio, el oficio, la virtud, la palabra cumplida. El ego quiere un pedestal; la muerte lo nivela todo. Por eso mirar la calavera no es macabro; es higiénico.

Hoy practica una contemplación sencilla. Cuando interactúes con alguien que te intimida, te enfada o te atrae, mira más allá de la superficie. Imagina la estructura ósea bajo la piel. No como morbo, sino como verdad. Dentro de cien años, esa persona será huesos. Dentro de cien años, tú también. De repente, muchas luchas pierden sentido.

Hazlo también contigo. Frente al espejo, mira el rostro y recuerda que es temporal. No para odiarlo. Para no convertirlo en altar. Observa lo rápido que el ego se desinfla cuando la mente recuerda la finitud. Y observa lo que aparece cuando el ego baja: compasión. Para el otro, que también está luchando por sentirse seguro. Para ti, que también te has confundido con una imagen.

Quédate unos minutos con esa sobriedad. No para entristecerte, sino para limpiar jerarquías internas. Si todo acaba en huesos, ¿qué discusión merece tu vida? ¿Qué validación merece tu paz? ¿Qué obra real merece tu tiempo?

Este cierre no es un final; es una puerta. Mañana hablarás de muerte de forma directa, sin metáforas suaves. Hoy solo preparas el terreno. Si el ego aparece pidiendo una última foto, una última victoria, un último gesto para “quedar bien”, míralo como a un niño asustado. No lo odies. Solo no lo obedezcas.

Antes de dormir, escribe una línea: “Hoy dejo de fingir que soy eterno.” Mañana empieza el mes de la muerte. Entra ligero. Entra real.