07 Noviembre: Silencio (El Cementerio)
07 Noviembre: Silencio (El Cementerio)
“Aquí yacen los huesos de Alejandro Magno, y los de su arriero. Distínguelos si puedes.” — Diógenes
Día del Vacío Fértil.
Este mes empieza con una verdad que tu mente evita: la finitud. Has leído a Séneca hablando del tiempo que se pierde, has escuchado a Montaigne quitarle la máscara a la muerte, has recordado la pregunta brutal de Jobs sobre el último día, has sentido la belleza frágil de la flor del cerezo, has mirado el guion entre fechas y has empezado una auditoría mortal del tiempo. Hoy, el silencio baja todo eso al suelo. Literalmente.
Si puedes, ve a un cementerio. No como turismo macabro, sino como ejercicio de realidad. Si no puedes, busca un lugar silencioso, cierra los ojos e imagina el paseo con detalle: el frío en el aire, la grava bajo los pies, el sonido de la ciudad a lo lejos. En ambos casos, el objetivo es el mismo: mirar el final sin dramatizarlo.
Camina despacio entre las lápidas. Lee nombres. Mira fechas. Haz las cuentas. Verás edades pequeñas y edades largas, y entenderás algo sobrio: la vida no promete duración. Todas esas personas tuvieron urgencias. Tuvieron discusiones que parecían enormes. Tuvieron miedo al qué dirán. Tuvieron planes. Tuvieron días en los que pensaron que “más adelante” harían lo importante. Y un día, sin aviso, se acabó.
El mundo siguió girando. El sol salió igual. No como crueldad, sino como escala. Ahí llega la humildad: no eres el centro. Y, con la humildad, llega una paz extraña: muchos de tus problemas actuales acabarán siendo irrelevantes. No porque no duelan, sino porque no merecen tu vida completa.
Quédate un rato respirando ahí. Siente el corazón latir. Esa sensación es un privilegio. Estás vivo, todavía. Tienes una oportunidad más de usar bien el guion. Antes de irte, elige un nombre al azar, real o inventado, y di por dentro: “Gracias por recordármelo.” No es magia. Es disciplina.
Al salir, no conviertas la lucidez en discurso. Conviértela en un gesto. Piensa en tu auditoría del tiempo: ¿qué estás drenando cada día que no merece la sangre? ¿Qué conversación estás evitando? ¿Qué acción pequeña te acercaría a vivir como si el guion importara? El cementerio te deja una consigna simple: hoy, recorta una distracción y haz una cosa esencial. No mañana. Hoy.
Sal del cementerio con hambre. No de ansiedad, sino de vida. Hoy has visto el final para vivir mejor el medio.