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Miguel Ángel Ballesteros

Maker, using software to bring great ideas to life. Manager, empowering and developing people to achieve meaningful goals. Father, devoted to family. Lifelong learner, with a passion for generative AI.

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14 Noviembre: Silencio (La Silla Vacía)

14 Noviembre: Silencio (La Silla Vacía)

“La ausencia es una presencia muy ruidosa.”Proverbio

Día del Vacío Fértil.

Has mirado el legado: el obituario equivocado de Nobel, la oración fúnebre de Pericles, el humo y la ceniza de Marco Aurelio, la séptima generación, los constructores de catedrales, el obituario escrito sin ego. Todo eso apunta a una pregunta: cuando no estés, ¿qué queda? Hoy, el silencio lo vuelve íntimo con una imagen simple: una silla vacía.

Elige un momento cotidiano. Una comida, una reunión, tu mesa de trabajo. Si estás solo, basta una silla frente a ti. Mírala un instante en silencio e imagina que esa silla te representa, pero vacía. Imagina que ya no estás. No lo conviertas en película triste. Solo coloca el hecho.

Observa la escena sin ti. La conversación sigue, quizá con una sombra, quizá con normalidad. El trabajo sigue. El mundo no se detiene. Esta imagen no busca hundirte, busca liberarte de la auto-importancia. Una parte del estrés nace de una mentira: “si yo no estoy, esto se hunde”. La silla vacía la desmiente con una sobriedad brutal.

Y aquí llega la paradoja: ser prescindible te hace libre. Si el mundo no depende de tu control constante, puedes elegir. Puedes servir sin creerte el protagonista. Puedes hacer tu parte sin cargar el universo. Puedes liderar sin convertirte en mártir.

Quédate con la silla unos minutos. Nota qué emoción aparece. A veces aparece tristeza, y está bien. A veces aparece alivio, y también está bien. En ambos casos, la práctica es la misma: dejar que la ausencia te enseñe presencia. Porque si recuerdas que podrías no estar, cada gesto se vuelve más valioso.

Este ejercicio también coloca tu legado en tierra. La séptima generación no se cuida con grandes discursos, se cuida con decisiones pequeñas repetidas. Los constructores de catedrales no vivían para verse en una placa; vivían para dejar algo en pie. Hoy, en la silla vacía, te preguntas: ¿qué estás construyendo que merezca tu tiempo? Y, sobre todo, ¿qué estás defendiendo solo por orgullo?

Luego, siéntate en tu silla real con gratitud de invitado sorpresa. Mira a los tuyos como si fueran un regalo temporal. Haz una cosa pequeña que construya legado hoy: una palabra honesta, una disculpa, un acto de cuidado, un trabajo bien hecho. La catedral se construye ladrillo a ladrillo, y tu tiempo no es infinito.

Hoy, el legado empieza por tu presencia aquí.