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Miguel Ángel Ballesteros

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07 Diciembre: Silencio (Museo Vacío)

07 Diciembre: Silencio (Museo Vacío)

“Para que el agua refleje el cielo, debe estar quieta.”Proverbio Zen

Día del Vacío Fértil.

Has vuelto a la simplicidad: mente de principiante, viajar ligero, cortar con la navaja de Ockham, restar para sumar, sabiduría del no-saber, dieta de ruido. Todo eso se resume en una acción: vaciar la taza. No para quedarte vacío, sino para dejar espacio a lo esencial.

Hoy el silencio es literal: crear espacio mental sin rellenarlo de inmediato. Busca un lugar donde puedas estar solo unos minutos. Cierra los ojos e imagina que tu mente es un museo. Durante el año lo has ido llenando de cosas: cuadros de recuerdos, estatuas de preocupaciones, vitrinas de pendientes, turistas que entran y salen hablando sin parar. Ese museo existe, pero no tiene por qué estar siempre abierto.

En la visualización, tú eres el vigilante y hoy el museo cierra. Empiezas a acompañar a los visitantes hacia la salida. Un pensamiento aparece, pide quedarse, quiere su explicación, su drama, su repetición. No discutas. Solo acompáñalo, con calma, como quien guía a alguien hacia la puerta. Luego eliges un par de piezas pesadas, esas preocupaciones que más has sostenido, y las llevas al almacén. No las destruyes. Solo las sacas de la sala principal.

Este es el gesto de viajar ligero. No es negarte la vida; es soltar lo que no añade nada. Es la navaja de Ockham aplicada a tu mente: cortar adornos, quedarte con lo esencial. Y también es sabiduría del no-saber: reconocer que no necesitas tener una respuesta hoy para poder descansar hoy.

Dejas el museo más vacío. Sientes el eco. Al principio puede dar vértigo, porque el ruido se ha vuelto identidad. Quédate ahí. Deja que el agua se calme lo suficiente como para reflejar. Notarás que, cuando baja el tráfico mental, aparece una claridad suave: no una idea brillante, sino una sensación de orden.

Cuando abras los ojos, no rellenes ese espacio con pantalla. Protege el vacío un poco más. Camina diez minutos sin consumir. Ordena algo pequeño. Respira mirando por una ventana. Haz un gesto simple de vía negativa: quita, en vez de añadir.

Antes de terminar, escribe tres líneas libres, sin lista rígida: qué pensamiento quiso quedarse hoy, qué preocupación devolviste al almacén, y qué harás con diez minutos de espacio real. Si repites este ritual, tu mente deja de ser un mercado y vuelve a ser un templo.