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Miguel Ángel Ballesteros

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21 Diciembre: Silencio (Caja de Cuarentena)

21 Diciembre: Silencio (Caja de Cuarentena)

“El barro se asienta solo si dejas de agitar el agua.”Lao-Tse

Día del Vacío Fértil.

Has entrenado el flujo: ser agua, entrar en la zona, acción sin esfuerzo, ritmo, improvisación disciplinada, dejar de empujar el río. Todo eso tiene una condición previa: que el barro se asiente. Si agitas el agua con prisa, no ves. Y si no ves, tus decisiones son pánico con uniforme.

Hoy el silencio es inacción deliberada. No porque te rindas, sino porque eliges no intervenir desde la ansiedad. Identifica un problema que hoy te esté molestando: un mensaje que te activó, una duda, una preocupación. Observa el impulso visceral de actuar ya. Los dedos quieren teclear. La mente quiere resolver para calmarse. Ese impulso no es sabiduría; es descarga.

Detente. Respira. Visualiza una caja sólida con un temporizador. Mete ahí el problema, como quien pone una herramienta peligrosa en cuarentena. Haz un contrato contigo: durante veinticuatro horas no lo tocarás, ni con acciones ni con rumiación. No lo estarás “pensando por si acaso”. Lo dejarás reposar.

Durante el día, la mente intentará volver al tema. Lo hará con argumentos “razonables”. Cada vez que vuelva, recuérdale con suavidad: está en cuarentena. No se toca hasta mañana. Con el tiempo, notarás que la urgencia baja. No porque el problema se haya resuelto, sino porque tu sistema nervioso ha dejado de agitar el agua.

Esta es la misma sabiduría de la improvisación disciplinada. En el jazz, no empujas cada nota; escuchas y respondes. En el tiro con arco zen, no aprietas el disparo; lo dejas salir cuando el cuerpo está alineado. En el flow, el control excesivo rompe la magia. La cuarentena del problema hace lo mismo: te devuelve el ritmo.

Mañana, cuando abras la caja, verás algo útil. A veces el problema habrá perdido fuerza o incluso habrá desaparecido. Otras veces seguirá ahí, pero tú habrás cambiado: menos ansiedad, más visión, más precisión. Esa es la diferencia entre reaccionar y actuar. Wu-Wei no es no hacer; es hacer desde claridad.

Hoy entrenas paciencia, no pasividad. Dejas que el barro se asiente para que el movimiento, cuando llegue, sea limpio.

Si quieres cerrar la práctica con un gesto físico, camina diez minutos sin auriculares y deja que la mente “vuelva sola” a la caja cuando intente abrirla. Ese paseo es el río sin empuje. No estás escapando del problema; estás creando el espacio que hace posible una respuesta digna. A veces, la mejor decisión nace de una noche de reposo.