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Miguel Ángel Ballesteros

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4.19 Coaliciones y exclusión: cuando el grupo te encoge

4.19 Coaliciones y exclusión: cuando el grupo te encoge

Relato

Mike entra en la reunión y nota algo antes de que empiece: miradas que se cruzan, sonrisas pequeñas, un chiste que llega tarde. Como si hubiera una conversación previa que él no oyó.

Se sienta. Hablan de prioridades. Mike propone una idea y, sin responderle del todo, Andrés dice:

—Nosotros ya lo hablamos y creemos que lo mejor es lo otro.

“Nosotros”.

Mike mira a la mesa. ¿Quién es “nosotros”? Nadie levanta la mano. Nadie se hace cargo. Pero la frase ya ha hecho su trabajo: le ha colocado fuera.

Luego viene el chiste interno, con dos nombres, dos risas y una mirada rápida para comprobar si Mike se siente invitado o ridículo.

Mike siente la tentación de pelear por pertenecer: reírse de más, hablar más fuerte, demostrar que también cuenta.

Elige otro camino: dignidad tranquila.

—Una cosa —dice—. Cuando decís “nosotros”, ¿quiénes sois exactamente? Lo pregunto porque necesito estar en las conversaciones donde se decide esto.

El aire se tensa un segundo. La exclusión funciona mejor cuando nadie la nombra.

Andrés intenta suavizar:

—No, hombre… era una forma de hablar.

Mike asiente.

—Vale —dice—. Entonces hagámoslo bien aquí, con todos. Si hubo una conversación previa, perfecto: resumid criterios y decidimos en abierto.

Silencio.

Alguien, al fondo, se atreve:

—Sí… lo hablamos ayer en el café.

Mike no acusa. No dramatiza. Solo pone regla.

—Genial. A partir de ahora, si un tema se decide en el café, lo traemos aquí con criterios y lo cerramos en la mesa. Si no, esto se convierte en un club y el trabajo muere.

La frase cae con peso. Porque no es sobre Mike. Es sobre justicia de proceso.

La reunión sigue. Y, poco a poco, Mike nota que el “nosotros” pierde fuerza cuando el “aquí, en abierto” se convierte en norma.

La jugada

  • Nombrar la estructura, no atacar personas: “¿quiénes sois ‘nosotros’?”
  • Exigir proceso visible: criterios en abierto, decisión en mesa.
  • No mendigar pertenencia: pertenencia por claridad, no por risa.

Explicación Profunda

La exclusión es una jugada de poder porque la pertenencia es una necesidad humana. El grupo no solo reparte tareas; reparte identidad: “eres de los nuestros” o “estás fuera”.

Las coaliciones no siempre son maldad. A veces son afinidad. A veces son gente que trabaja fuera de la reunión. Pero se vuelven tóxicas cuando se usan para:

  • Decidir sin transparencia.
  • Presionar sin responsabilizarse.
  • Convertir la mesa en teatro y el café en poder real.

Las señales típicas:

  • “Nosotros pensamos…”
  • “Ya lo decidimos…”
  • Chistes internos que te dejan fuera.
  • Información que llega tarde a propósito.

El antídoto ético es justicia de proceso. No es “queredme”. Es “si esto afecta a todos, se decide con todos”.

La frase “¿quiénes sois ‘nosotros’?” es potente porque obliga a que el poder se haga visible. Si nadie responde, era humo. Si alguien responde, ya hay un grupo real y entonces puedes pedir lo obvio: estar o saber.

Aquí se diferencia de la triangulación (capítulo 4.13): la triangulación es presión con “terceros” para que obedezcas; la exclusión es estructura para que te encogas. Se tocan, sí, pero se sienten distinto:

  • Triangulación: “la gente dice…”
  • Exclusión: “nosotros ya…”

En ambos casos, la medicina es conversación adulta. Pero en exclusión, además, necesitas proceso.

La característica clave aparece en múltiples escenarios. Por ejemplo:

Familia.
—Entre nosotros ya lo decidimos.

Aquí: “si me afecta, necesito estar. Si no me afecta, perfecto: decidid vosotros.”

Grupo de amigos.
Planes decididos en un chat paralelo.

Aquí: “si queréis que vaya, decididlo donde yo pueda verlo. Si no, no pasa nada, pero no me pidáis que adivine.”

Trabajo.
Información que “misteriosamente” no te llega.

Aquí: pide proceso: “por favor, todo lo de este proyecto en este canal/drive; si no, no puedo ser responsable.”

Conclusiones

El poder ético no rompe grupos; los limpia. La transparencia no es paranoia: es confianza. Y la confianza solo existe cuando el poder deja de vivir en conversaciones ocultas.

Señales de progreso: dejas de reír por pertenecer; pides inclusión sin vergüenza; la gente empieza a “traer a mesa” lo que antes se decidía fuera.

Trampas comunes: pelear por pertenecer → te vuelves payaso; acusar (“me excluís”) → guerra; resignarte y desaparecer → te borran.

Para entrenarlo: Juego 9: Aterrizaje de Grupo. Entrena liderazgo de proceso: que la decisión viva en la mesa, no en pasillos.